Amigas, amigos, sobrinos, acuérdense que la FIFA no es el futbol. Si ese organismo hace las cosas mal, no culpen al deporte, a los jugadores ni a los equipos. Y, sobre todo, no dejen de escuchar la música que aman. Si un día deciden apagar un disco, que nunca sea por odiar a un país.

Amor y Cohetes


El día que jugamos contra Inglaterra puse en mi tornamesa un LP que había comprado unos días antes: Earth • Sun • Moon, de Love and Rockets. Empecé a escucharlo y pensé: “¡Qué discazo!”. A diferencia de Bauhaus, de donde eran sus integrantes, cada canción tiene un estilo distinto entre sí. Las letras también son buenísimas, como en “No new tale to tell”, donde dice: “You cannot go against nature, because when you do, go against nature is part of nature too”. Ufff.

Lo disfrutaba tanto que me dieron ganas de compartir mi alegría como se hace en estos tiempos digitales: subiendo una historia a Instagram. Le tomé una foto con mi celular, muy feliz, pero de repente me contuve. Pensé: ¡Tííípico, me van a empezar a llover críticas! Que por qué estoy escuchando a un grupo inglés justo hoy. Que ahorita deberíamos poner toda nuestra energía en que México gane. Y al parecer, para lograr eso había que aventar todo nuestro ¿odio? al contrincante. Decidí no subirla. ¿Pa´qué me meto en problemas? Me autocensuré, ni modo.

No sé si a ustedes les pasa, pero autocensurarse es de las peores cosas que uno puede hacerse. Se siente bien gacho. ¿Habré sido yo el culpable de la derrota de México por poner un disco de un grupo inglés?

Amigas, amigos, sobrinos, como decía el Tío Gamboín, acuérdense que les gusta el futbol, y cada vez me estoy dando cuenta que la FIFA no es el futbol, no se confundan, por favor. Si la FIFA está haciendo cosas raras échenle la culpa a ese organismo y no a los jugadores, a los equipos o, lo más importante, al deporte que les ha gustado toda su vida.

No pasamos a la siguiente fase. Estuvimos cerquita, más cerca que en cualquier otro Mundial. Pero la diferencia es la actitud de los mexicanos ante la derrota; parece distinta: estamos orgullosos, aunque tristes por el resultado, de nuestra Selección Mexicana de Futbol.

No soy realmente aficionado al futbol, como ya les contaba en “I Want to Believe”, mi columna anterior. Puedo ver un partido y no me emociono porque no le voy a ningún equipo. Así que si ya no está México, seguro veré algunos juegos más, pero no sentiré esa excitación que tuve en el último de ellos, que fue muy cardíaco. 

Hace unos días, algunos fans argentinos de Café Tacvba me preguntaron por mensajes de Instagram por qué los mexicanos los odiamos. Yo les contesté que a mí me estaban diciendo que los argentinos son los que nos odian a nosotros. 

Qué raro, pensé. Mientras escribo esto, de la habitación de mi hija de dieciséis años sale Soda Stereo. De unos meses para acá escucha mucho a Cerati, a los Cadillacs, a Babasónicos, a Trueno y, lo que más me sorprende, el primer disco de Almendra. También a Los Tres, de quienes repite una y otra vez “Un amor violento”. La he escuchado cantar: “Antes de que nos olviden, haremos historia” de los Caifanes. Además, suenan canciones de Los Smiths, de The Strokes, de Silvio Rodríguez, de Fleetwood Mac y de Juan Gabriel.

¿Soy un padre orgulloso? Sí, pero aunque estuviera escuchando algo que no me gusta me sentiría igual de feliz con mi hija. Cuando no sé qué está escuchando, voy, toco a su puerta y le pregunto (creo que no le gusta que haga eso). Mi otra hija se pone audífonos, así que no me entero qué escucha. Sé que le encanta Radiohead, Nine Inch Nails, Elliott Smith, System of a Down y Diles Que No Me Maten. Mi esposa pone lo último de Rosalía y también a los Rolling Stones.

Mis hijas se ríen de mí porque estoy obsesionado con Phoebe Bridgers y escucho su música todo el tiempo, así como sus proyectos con otros artistas: Boygenius y el que tiene con Connor Oberst: Better Oblivion Community Center. Pero bueno, cada quien tiene sus gustos, ¿o no?

El otro día compré en vinil el disco de Invisible que trae “El anillo del capitán Beto”, que menciono en uno de mis cuentos del más reciente libro que publiqué, Final Feliz.

¿Todo esto les suena a que odio a los argentinos? No, para nada.

¿No se supone que el futbol es el idioma universal que une al mundo? Al menos eso dicen, incluso los anuncios de todos los productos lo usan como eslogan, pero resulta que hay gente a la que, al parecer, le gusta odiar. Hacen esos memes con saña poniéndonos a todos en el mismo costal. Y ya lo que no soporto es lo que mencionaba al inicio: ¿tengo que dejar de escuchar la música que me gusta porque es de un país rival?

A diferencia de Bauhaus, en Earth • Sun • Moon cada canción de Love and Rockets tiene un estilo distinto entre sí. Las letras también son buenísimas, como en “No new tale to tell”, donde dice: “You cannot go against nature, because when you do, go against nature is part of nature too”. Ufff.

Amigas, amigos, sobrinos, como decía el Tío Gamboín, acuérdense que les gusta el futbol, y cada vez me estoy dando cuenta que la FIFA no es el futbol, no se confundan, por favor. Si la FIFA está haciendo cosas raras échenle la culpa a ese organismo y no a los jugadores, a los equipos o, lo más importante, al deporte que les ha gustado toda su vida.

Sobre todo, no dejen de escuchar la música que les gusta. Pero si quieren dejar de escucharla que no sea para odiar a un país. 

Y si por mi culpa, por poner a Love and Rockets perdimos, perdónenme. Les juro que no sabía que tenía un poder tan grande. 

La próxima vez tendré más cuidado con el disco que pongo.


Avatar de Joselo Rangel