En “Mr. Roboto”, Styx cuenta una historia futurista, de ciencia ficción, en una sociedad dependiente de las máquinas donde el rock estaba prohibido; pero esta fama era extraña porque aunque la canción estaba en los primeros puestos, muchos se burlaban; incluso al día de hoy nadie, o muy pocos, se toma en serio.

Domo arigato, Mr. Roboto


El otro día contesté unas preguntas que me mandó el escritor Carlos Velázquez para completar una columna en la que reseñará mi libro de cuentos Final feliz (Seix Barral, 2026). Una de las preguntas era sobre música. Y yo, muy cool, dije que crecí escuchando punk, post-punk y new wave. ¿Era lo correcto, no? De esa forma me iba a ver bien, pero ¿por qué no contesté con la verdad? Sí, escuchaba punk y post-punk, pero antes de eso hubo algo más.

En mi casa —y parece que en la de todos mis amigos y familiares— estaba el disco Glass Houses de Billy Joel; ese donde viene el hitazo “It’s Still Rock and Roll to Me”, que aquí en México pegó como en ningún otro lado. Cuentan que la primera vez que Billy Joel vino a tocar al país, no traía esa canción en su set list. Los empresarios y algunos periodistas le dijeron que esa era su canción más famosa acá, y que, si no la tocaba, iba a decepcionar a todos sus fans. ¡Pero si nadie la conoce! Pues acá, sí. Tuvieron que aprendérsela y ensayarla en la prueba de sonido. Dicen que la gente se volvió loca de emoción. No lo sé. Yo a ese concierto no fui.

Pero además de Billy Joel también me gustaba Styx. Claro, tanto el mencionado Glass Houses como Cornerstone, de Styx, ya estaban en mi casa. Mis dos hermanas mayores los habían comprado (o pedido a mis papás). Ellas escuchaban, sobre todo, música disco: The Jackson 5, Michael Jackson, Earth, Wind & Fire y todos los éxitos del momento en español.

Pero de repente Styx sale con una canción que se volvió famosísima: “Mr. Roboto” del álbum, también conceptual, Kilroy Was Here. La historia era futurista, de ciencia ficción, en una sociedad donde el rock estaba prohibido y, por supuesto, había robots. Era una crítica a cómo la sociedad…

En Cornerstone viene “Babe”, una balada melosa que sonaba mucho en la radio. La historia de Styx es muy rara. Oriundos de Chicago, comenzaron como una banda considerada de rock progresivo. Sus primeros discos suenan a eso, pero Cornerstone, su noveno álbum, da un giro pop y “Babe” fue su gran hit. Como ya me gustaban, me compré el Paradise Theater, su siguiente álbum, que era un disco conceptual acerca del teatro Paradise, de Chicago, y que tenía que ver con el fantasma de la ópera o fantasmas en general. 

Recuerdo que en esa época, los ochenta, las iglesias cristianas (no católicas) hacían conferencias en donde decían que el rock era satánico. Muchos jóvenes y adultos ponían discos y giraban el plato en sentido contrario para encontrar mensajes ocultos, satánicos, no solo en los discos de rock. Decían que incluso “Querida” de Juan Gabriel tenía no solo uno, sino varios: “Satanás, Belcebú es”, “Dame mucha gente” y “Fiel seré”. Había grupos que eran obviamente diabólicos, como Black Sabbath, AC/DC, (After Christ, Demon Comes) y Kiss.

Pero en las conferencias atacaban a Rush, por la estrella de cinco picos, y a Styx, cuyo nombre viene del río que lleva el alma de los muertos hacia su última morada. En la Biblia, Jesucristo es la piedra angular (Cornerstone) de la cristiandad; la piedra que sostiene toda la iglesia. Y en la portada de ese disco se ven los pies de una persona que lleva una túnica y ve el disco de Styx, el mismo que uno tiene en las manos. Muy conceptual el asunto. ¿Serán de Jesucristo esos pies? El caso es que Styx era considerado más diabólico que las bandas de heavy metal y en algunas congregaciones cristianas quemaban sus discos.

Pero de repente Styx sale con una canción que se volvió famosísima: “Mr. Roboto” del álbum, también conceptual, Kilroy Was Here. La historia era futurista, de ciencia ficción, en una sociedad donde el rock estaba prohibido y, por supuesto, había robots. Era una crítica a cómo la sociedad se estaba haciendo más dependiente de las máquinas. Los conciertos de Styx comenzaban con una película con estos temas, actuada por ellos, y luego salían a tocar. Pero esta fama era extraña porque aunque su canción estaba en los primeros puestos de las listas de popularidad, muchos se burlaban. Incluso al día de hoy es una canción que nadie, o muy pocos, se toma en serio.

Cuentan que la primera vez que Billy Joel vino a tocar al país, no traía “It’s Still Rock and Roll to Me” en su set list. Le dijeron que esa era su canción más famosa acá, y que, si no la tocaba, iba a decepcionar a todos sus fans. ¡Pero si nadie la conoce! Tuvieron que aprendérsela y ensayarla en la prueba de sonido.

Lo más raro es que el disco 2112, de Rush, también se trata de una sociedad del futuro en donde está prohibida la música y un personaje encuentra una guitarra y comienza a tocarla. Pero nadie se burla del 2112; al contrario: los críticos lo aman y es al que más cariño le tienen sus fans.  

Así que ¿para qué les miento? En cierto momento llegaron a mi vida The Cure, The Smiths, The Clash, Devo y todo el post-punk, aquella música que ahora me hace quedar como un melómano cool, pero antes estuvieron Billy Joel y Styx.

¿Quién sabe? Ahora que la inteligencia artificial, digo, la superinteligencia, reine en nuestro mundo, me salvará que a mí sí me gustaba Styx y aprendí a decir con toda cortesía y respeto: “Domo arigato, Mr. Roboto”.


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