Hace varios años estaba en el aeropuerto del Distrito Federal esperando a que anunciaran la sala de abordar cuando un joven se me acercó, todo nervioso. Pensé que era un fan de Café Tacvba. Me empezó a hablar en inglés.
—Excuse me, Mr. Morrissey. I don’t want to interrupt you, but could you give me your autograph?
Me acercó una libreta y una pluma. Todavía no había celulares con buena cámara y la palabra selfie ni existía. Yo iba a soltar la carcajada, pero sentí que el chavito se iba a sacar de onda. La verdad es que me dio ternura… ternurita.
—¿Oye? ¡No mames! ¡Morrissey está más ruco que yo! —contesté.
Cosa rara, por más que le decía que yo no era Morrissey, como que no me creía. ¡En serio! Yo le hablaba en español y él, duro y dale, en inglés. Al fin habló en español y advertí que era mexicano. No tenía acento de Sudamérica o de algún lugar de España. Al fin se fue muy decepcionado. Le iba a decir que yo era (soy) un Tacvbo, pero si no me había reconocido, eso le iba a valer tres pepinos. Él vio a Morrissey en mí y quería a Morrissey. Entonces observé mi reflejo en los cristales de los aparadores y sí, daba bastante el gatazo (¿todavía se dice así?); o sea, que sí me parecía. En ese entonces tenía el pelo corto. Andaba yo de saco negro. Sí, podría pasar por un Moz más joven.
En aquella época Morrissey no cancelaba conciertos. No se hablaba de eso. Tal vez habría cancelado algunos y no nos enteramos. Pero lo cierto es que ahora es de lo que más se habla de él, de lo único, tal vez. No de su música, solo de que cancela y cancela y cancela conciertos.
De hecho, no era la primera vez que me decían que me parecía. La mayoría de las personas pensaban que le había copiado el look a Morrissey desde los inicios de mi grupo. Pero no. Yo ni sabía que Morrissey usaba lentes de pasta. Era la época preinternet, pre-MTV, pretodo. La prehistoria, pues. Ustedes los jóvenes no saben lo terrible que era eso.
Y aquí viene el ruquito a hablar: yo escuché a los Smiths en un casete que me vendió El Malaface, allá en la UAM Azcapotzalco. Malaface vendía casetes que grababa en su casa; él era de Sociología y yo de Diseño Industrial. Luego nos hicimos muy amigos cuando lo vi leyendo un libro de Cortázar. Así que hasta mucho tiempo después vi el disco del casete que le había comprado, el Hatful of Hollow.
Mi look de aquella época se puede deconstruir así: las patillas las tomé de Elvis; los lentes, de Buddy Holly y Elvis Costello. Pero todos creían que era por Morrissey. Incluso así hice muchos amigos, que hasta años después me dijeron que por eso se acercaron a mí.

Pero la verdad es que tengo un amor-odio con Morrissey. ¿Dije amor? Bueno, no tanto. ¿Dije odio? No, creo que tampoco. No sé. Me da la impresión de que muchos de los que leen esta columna sienten lo mismo que yo. Gente que me dice que lo odia, pero compra su boleto aunque sabe que seguramente va a cancelar. Que se está echando un volado. “Morrissey cancela concierto (no importa cuándo leas esto)”.
La verdad no puedo negar que durante mucho tiempo fui muy fan. Es que hay pocos cantantes frontman rockstar cuyas cualidades sean haber leído mucho y ser muy cultos. Ya sé. Qué pedantería. Pero creo que en esto Morrissey es único y a los nerds como yo, y como muchos, eso nos atraía. Claro, nunca fui vegetariano, ni vegano, ni ejercí el celibato ni por un segundo. No es para tanto.
—¿Y la vez que Morrissey les entregó el Premio MTV Leyenda? —me dice esa voz interior con un tono cruel y despiadado—. ¿No se te caían los calzones de la emoción y te quedaste mudo?
La neta sí. Nos dijeron que nos darían ese galardón que solo se lo habían dado a Soda Stereo y a los Cadillacs. Ahora nos tocaba a nosotros. Fue en 2009. Fuimos a Los Ángeles los cuatro y ahí estábamos sentados viendo el show cuando de repente sale Morrissey hablando de un grupo con una trayectoria de varios discos, muy interesantes e innovadores, y yo no tenía ni idea de que se refería a nosotros. Cuando alguien llegó a nuestros asientos para llevarnos al escenario no podía creerlo. Los de MTV sabían que si en algo coincidimos los cuatro Tacvbos es en nuestro gusto por la música de The Smiths. Cuando lo tuve enfrente solo le di la mano. Me la apretó. Fue un buen saludo, firme. Su mano cuadrada, como si fuera de La Mole, de los Cuatro Fantásticos. Rubén sí lo abrazó, recuerdo. Qué bueno que fue él, porque es vegano y dicen que Morrissey huele a los que comen carne y se los quiere quitar de encima. ¿Realidad o rumor?
—¿Oye? ¡No mames! ¡Morrissey está más ruco que yo! —contesté.
En aquella época Morrissey no cancelaba conciertos. No se hablaba de eso. Tal vez habría cancelado algunos y no nos enteramos. Pero lo cierto es que ahora es de lo que más se habla de él, de lo único, tal vez. No de su música, solo de que cancela y cancela y cancela conciertos.
Lo cual me hace pensar que si ese premio nos lo hubieran dado en esta época de seguro Morrissey hubiera cancelado. Qué triste. O qué rabia. Pero el hubiera no existe, así que nadie puede quitarme el recuerdo que tengo de su mano cuadrada.
Mis hijas son fans de The Smiths. Y ya van dos veces que mi hija mayor, con boleto en mano, se entera de que Morrissey cancela. Siempre me pregunta: ¿por qué lo hace? Yo no sé qué responder. Pero pienso: quizá cancelar es la única forma que tiene de demostrar que es una diva, como las que él tanto admira.
—Excuse me, Mr. Morrissey? I’m your fan. Could you please stop canceling concerts?
