Columnas
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Cuando uno conoce un poco de la historia y la infancia de Lázaro Cristóbal Comala comprende porque compone esas canciones: no es que sean solamente tristes e, incluso peor, depresivas, sino que son, aunque suene exagerado, desgarradoras.
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Huele a fierro, suadero, charquito sucio, mar y vida, comida china cien años, tele vieja. Pinto dedo al microbús, doy vuelta en la que sigue. En esa esquina me confundieron con un malandro y en esa otra se murió James Dean de las Minas y Tinacos.
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Oh baby baby


