Ya había visto a Jaime López varias veces. Y siempre se me antojaba poder hacer algo así: subirme a un escenario y cantar mis canciones, yo solo, solito. ¿Quién no quiere ser como Bob Dylan, Leonard Cohen o Neil Young alguna vez en su vida? Pero me hacían falta varias cosas, sobre todo valor.

Aquí estoy: Joselo solito


No sé hace cuántos años, pero vi a Jaime López tocando en el Foro del Tejedor, ese pequeño teatro que está en el último piso de la Cafebrería El Péndulo, en la colonia Roma de la Ciudad de México. Jaime López solo con su guitarra. No paraba de tocar: canciones nuevas, canciones antiguas, unas muy famosas y otras que yo no conocía. Anécdotas, muchas anécdotas y juegos de palabras. Y, claro que sí, uno que otro albur. Creo que el concierto duró tres horas y me la pasé increíble.

Ya había visto actuar a Jaime López varias veces y siempre se me antojaba hacer algo así: subirme a un escenario y cantar mis canciones, yo solo, solito. ¿Quién no ha querido ser como Bob Dylan, Leonard Cohen o Neil Young alguna vez en la vida? Pero me hacían falta varias cosas, sobre todo una: valor. 

¡Pero si has tocado ante miles de personas!, me dicen. Pues por lo mismo. Sesenta mil personas, como las que hay en el GNP, se convierten en cierto momento en una masa anónima. No distingues caras ni cuerpos. Se siente una energía imposible de describir, un subidón de adrenalina que debes aprender a controlar para poder ejecutar bien tu instrumento. Pero en el Foro del Tejedor caben poco más de cien personas. Es un lugar íntimo en donde hasta la respiración del que está en el escenario se escucha, aunque no exista micrófono. Estás muy cerca, eso puede ser más aterrador y generar más nerviosismo que pararte frente a miles de personas.

Pero yo tenía que hacerlo alguna vez. Sentir esa adrenalina.

Supongo que estoy iniciando una nueva faceta en mi vida. Mientras Café Tacvba aún no está listo para volver a los escenarios, yo seguiré presentándome para quienes quieran verme y escucharme. Ya sé que no soy monedita de oro para gustarles a todos. Pero bueno, aquí estoy: Joselo solito.

Ver a Daniel Gutiérrez, de La Gusana Ciega, hacer su espectáculo de Story Teller también influyó. Lo platiqué con él y me dijo: “Hazlo”. Después vi a Lázaro Cristóbal Comala, quien parece abstraído del mundo mientras canta y casi no habla entre canción y canción. ¡Por supuesto! Cada quien se muestra en el escenario como es, no hay de otra. ¿Podría hacerlo yo también?

Pues lo logré el pasado fin de semana. El viernes y el sábado me presenté yo solito(bueno, acompañado en algunas canciones por Renato del Real en las percusiones y bajo electroacústico).

Me tomó algunos meses prepararme. Retomé las clases de canto con Ericka Bañuelos para sacarle el mayor provecho a esta voz que ya acepté que tengo, y comencé a componer canciones nuevas casi sin proponérmelo: composiciones muy personales que solo yo puedo cantar. Hablé con mi manager, el Txino, para hacerlo todo bien. Comencé a llevar una guitarra acústica o a pedir una prestada para cantar en las presentaciones de mi libro de cuentos, Final Feliz (Seix Barral, 2026). Y al público le gustó.

Antes quería separar mi faceta de escritor de la de músico, pero ahora me doy cuenta de que son lo mismo, que se complementan, que pueden vivir juntas. Esas presentaciones me ayudaron a acostumbrarme a cantar solo. En Café Tacvba canto muy poco: algunos coros, dos canciones y a veces ni siquiera completas.

Es muy extraño: mientras compongo canciones encerrado en mi estudio es cuando canto. Solo lo hacía al componer. Luego esas canciones las entrego al grupo y cada quien hace su parte, su arreglo, según su instrumento. Las canciones que compuse y tanto canté mientras las trabajaba, después dejo de cantarlas.

Así que para estas presentaciones escogí canciones de mis dos discos solistas: Oso (2001) y Lejos (2006), que interpreté muy poco cuando salieron, pero que ahora la gente me pide cantar. Escogí también algunas que he compuesto para Café Tacvba, que han llegado a ser hits, y una que escribí para una película, Quemar las naves, de Francisco Franco Alba, y “Desde que” de los Liquits, de la cual hice la versión en español.

Un día, Renato del Real se me acercó y me dijo que quería tocar conmigo. Le conté que tenía este proyecto de tocar solito, pero que me podía acompañar con percusiones y otros instrumentos. Cuando incluimos el bajo, que Renato toca fabuloso, sentí que algo estaba tomando forma y que podía ser mejor de lo que imaginaba.

Ya había visto actuar a Jaime López varias veces y siempre se me antojaba hacer algo así: subirme a un escenario y cantar mis canciones, yo solo, solito. ¿Quién no ha querido ser como Bob Dylan, Leonard Cohen o Neil Young alguna vez en la vida?

Llegaron el 23 y el 24 de octubre. Una de las cosas que más sorprendió al público fue que entre canción y canción yo no paraba de hablar: contaba chistes y anécdotas o contestaba a quienes, por la cercanía, me gritaban cosas. Parecía una especie de stand-up comedy musical. Me dijeron que habían visto a un Joselo que no conocían y que les había gustado mucho y se habían divertido.

Lo mejor de todo es que cantar me hace sentir bien, me alivia. Es algo nuevo en mi vida, así que lo estoy disfrutando mucho. Un halago me conmovió mucho. Al final de uno de los conciertos un señor desconocido se me acercó y me dijo: “Nunca dejes de cantar”. No me pidió foto ni autógrafo. Solo me dijo eso y se fue.

Supongo que estoy iniciando una nueva faceta en mi vida. Mientras Café Tacvba aún no está listo para volver a los escenarios, yo seguiré presentándome para quienes quieran verme y escucharme. Ya sé que no soy monedita de oro para gustarles a todos. Pero bueno, aquí estoy: Joselo solito.


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