El jueves pasado viví una experiencia inolvidable. Estaba yo inmerso en la proyección de Metrópolis (1927), pero inmerso hasta el fondo. Lo que me rodeaba no existía. Y eso que podría haber muchas distracciones. Era en el Teatro de la Ciudad Esperanza Iris. Fue difícil llegar al Centro Histórico, como siempre. Mi cuello me dolía porque estaba en primera fila y tenía que estar con la cabeza mirando hacia arriba.
La película es larguísima: dos horas y media. Y es que esta versión es de las más completas que existen hasta el momento de Fritz Lang, con escenas que nunca había visto, ya fuera porque estaban perdidas o porque me quedaba dormido (hay que decir la verdad).
Pero algo muy importante acompañaba la proyección: la musicalización a cargo del proyecto 2 Contrabajos en conjunto con Denise Gutiérrez, vocalista de Hello Seahorse!. Eso hizo que me concentrara en la película. Bien podría haber sido un concierto de música porque lo que sonaba era muy interesante, pero algo sucedía (y fue lo que más me sorprendió). Se me olvidó por completo que había tres músicos talentosos musicalizando las escenas. Creo que no hay mejor halago para la música incidental de un filme: que sea el acompañante perfecto, sin sobresalir y con una presencia constante.
Se celebran sesenta años del Instituto Goethe y veinte años del Festival de Cine Alemán, que tiene una cartelera que no se pueden perder (está sucediendo en este momento, así que apúrense a ver lo que queda). Hay cortometrajes mexicanos, alemanes, cine punk y opciones para todos los gustos en diferentes sedes de la Ciudad de México.
2 Contrabajos es el proyecto alterno a Café Tacvba que tienen mi hermano Quique Rangel y Mike Sandoval. Todo comenzó cuando el artista plástico Abraham Cruzvillegas invitó a mi hermano a colaborar en una instalación llamada Rastrojo en la Galería Kurimanzutto a finales del 2021.
A Quique se le ocurrió utilizar el contrabajo de una manera distinta a como lo había hecho antes y de la forma en que suele utilizarse, es decir, como acompañamiento en música jazz, rock, tropical. Él decidió sacarle ruido, percusión y disonancias; explorar el instrumento de maneras nuevas. Antes, Daniel Guzmán, otro artista, ya lo había invitado a musicalizar sus videos. Así que en esta ocasión Quique invitó a Mike Sandoval para el proyecto. Mike es un amigo músico que también toca el contrabajo y ambos tenían ideas comunes que podían compaginar.
A partir de esa primera instalación, al dueto o proyecto (no sé cómo llamarle) lo comenzaron a invitar a exposiciones, a museos como el de Arte Carrillo Gil o incluso al noventa aniversario del Palacio de Bellas Artes a tocar en donde están expuestos los murales. Las invitaciones continuaron a otros proyectos y se comenzaron a dar a conocer en distintos ámbitos, como el cine.
Siento que se me sale una lágrima. No sé si es por los niños desesperados o porque soy parte de un evento irrepetible. O tal vez, por qué no decirlo, lloro porque estoy orgulloso de escuchar a mi hermano tocar el contrabajo. Lo hace de una manera espectacular.
Es así que ahora está a punto de estrenarse en festivales la película de José Manuel Cravioto llamada Ciudad de Muertos, basada en la vida del fotógrafo de nota roja, Enrique Metinides.
Le pregunto a mi hermano cuáles son sus influencias. Menciona a Charlie Haden y a Charles Mingus, pero para 2 Contrabajos se siente más cercano a Moondog, considerado el precursor de los compositores minimalistas; entre ellos, es Steve Reich quien más le gusta. Pero no puede negar que el rock está presente siempre: Brian Eno y los experimentos de Sonic Youth, aunque muchas veces se sorprende que aparece la música tradicional mexicana, en forma de sones o tonadas que trae en la sangre.
Estoy inmerso viendo Metrópolis, cierto. Pero de repente me acuerdo que ahí a un lado del escenario está mi hermano acompañado de Mike y Denise. No sé quién hace qué, porque están a oscuras, pero me encanta lo que suena. A mi lado hay una pareja, uno de ellos saca el celular de manera muy discreta y graba a los músicos. Es que Denise canta como los ángeles. Impresionante, tiene una voz espectacular, que samplea y repite su voz para crear patrones, loops. También se escucha un sintetizador análogo. Bien podría quedarme viéndolos, pero en la pantalla hay escenas que no me quiero perder: cientos de niños tratan de salvarse, de no ahogarse en la inundación de la parte más baja de Metrópolis.
Siento que se me sale una lágrima. No sé si es por los niños desesperados o porque soy parte de un evento irrepetible. O tal vez, por qué no decirlo, lloro porque estoy orgulloso de escuchar a mi hermano tocar el contrabajo. Lo hace de una manera espectacular.
Volteo a ver la pantalla y está borrosa. Límpiate las lágrimas, Joselo, que esta película es una joya.
