En el 2014 se grabó en Durango la miniserie Texas Rising. Fue producida por History Channel y en mi ciudad durmieron, por esos días de octubre, Ray Liotta, Brendan Fraser, Bill Paxton y Kris Kristofferson. Yo trabajaba de corrector ortográfico y editor del periódico Hojas Políticas, de Rafael Herrera Piedra, primero primo del gobernador, después preso por lo mismo.
Me marca mi hermano, eran las tres de la tarde; yo corregía una nota sobre algo que hizo un alcalde de Poanas o no sé, cuando me dice:
ーOye, que va a estar Kris Kristofferson hoy en la noche en el Aloha.
ーNo mames, claro que no.
ーSí, me acaba de decir una amiga que trabaja de mesera allí.
Kris Kristofferson murió hace poco. El 28 de septiembre del 2024. Ahora que lo pienso, ahora que lo recuerdo, ahora que lo escribo, se han cumplido ya dos años desde que se fue. Y doce desde que estuvo en Durango, donde no pasa nada nunca.
El Aloha no es la gran cosa. Caguamas, bongles, banda de covers de rock en tu idioma, Radiohead y The Strokes. Nunca iba ni voy salvo que se me antoje una pizza margarita. ¿Le creo? Lo que pasó fue que su amiga le marcó y le dijo: “¿Conoces a Kris Kristofferson? Es que llamó una persona y pidió una reservación para treinta gentes. Nos pidieron el escenario y el equipo porque él va a cantar para la producción”.
ーInvestigué y están grabando una serie aquí, se hospedan en el Western, el hotel de al lado. Van a celebrar que ya acabaron de filmar. Dice que no es privado, que podemos ir, solo no lo hicieron público ーme dijo el güey sin creérselo aún.
Menos yo. Y sí, la producción le pidió que cantara para ellos a manera de despedida; o mejor dicho eso que la gente del mundillo del cine llama “It’s a wrap”.
Le dije a unos amigos y nadie lo creía. Estas cosas no pasan; menos en Durango. Nos quedamos de ver a las siete en el Belmont para tomarnos algo antes, yo genuinamente quería llegar tomado. Aún no lo creía. Bebimos con prisa y llegamos al Aloha a las ocho treinta. Y allí estaba. En un rincón, junto a su esposa, vestido todo de negro, alto, a media barba, todo canas, con un estuche grueso de guitarra en la mano derecha.
Me valió verga cuando todos mis amigos empezaron a decir allí está Brendan Fraser, ese de allá es el de Titanic. Yo estaba viendo a Kristofferson; tenía la urgencia de ir a saludarlo, pero qué pena. Nunca había estado más emocionado en mi vida.
Mi hermano dijo “vamos ya, antes de que suba”. Mi inglés de entonces era raquítico y mi hermano hablaba más fluido que yo, así que él fue mi traductor. Le dijo a Kris que yo decía que era un sueño conocerlo. Le enseñé estúpidamente mi tatuaje de Johnny Cash en mi brazo derecho, le dije que era mi padre, él me contestó: “él fue mi mejor amigo”. Yo estaba, como dijo Octavio Paz en ese poema tan lindo del trompo, en el centro del mundo. Hablamos por unos cinco minutos.
Estúpidamente le regalé mi primer disco, que justo acababa de sacar en ese gran año del 2014. Lo guardó en su estuche y dijo que lo escucharía. Claro que no. Me acordé de esa anécdota de Calamaro cuando le regaló su disco a Bob Dylan una noche. Después supo en qué habitación de qué hotel se quedaba y logró colarse con ayuda de una mucama al cuarto cuando lo había entregado y halló su disco en un bote de basura. Me gustó pensar que si me hubiera colado yo también al día siguiente a la habitación de Kris Kristofferson lo hallaría también tirado por allí.
Se despidió, nos tomamos una foto. Yo enseñaba a mi Johnny Cash para que saliera y él lo apuntaba con su dedo índice. Después se subió a cantar al pequeño escenario del Aloha, en el pequeño Durango. Lloré terriblemente. Cantó “Why Me”, “Help me make it through the night” y “Sunday morning coming down”. Antes de cantar “Me and Bobby Mcgee” (él la compuso) habló de su encuentro con Janis Joplin.
Me acordé entonces de aquella historia de Leonard Cohen en el Chelsea Hotel. cuando escribió. Que se topó a Janis en el elevador y que ella le preguntó si era Kris Kristofferson, que Cohen le dijo que sí, que ella le contestó que pensaba que era más alto y que él le dijo “generalmente lo soy, pero hoy me siento un poco enfermo”; que ella le creyó y que se la llevó a su habitación (para los detalles de ese encuentro sexual escuchar “Chelsea Hotel No. 2”).
Me valió verga cuando todos mis amigos empezaron a decir allí está Brendan Fraser, ese de allá es el de Titanic. Yo estaba viendo a Kristofferson; tenía la urgencia de ir a saludarlo, pero qué pena. Nunca había estado más emocionado en mi vida.
Esa noche Leonard Cohen cogió haciéndose pasar por Kris Kristofferson. Lloré terriblemente. Era algo que no pasaba en México, menos en Durango. En realidad era la segunda vez que Kris Kristofferson estaba en Durango; ya había ido en 1972 a grabar Pat Garrett and Billy the Kid, junto a Dylan. Se dice, de hecho ーque decir “de hecho” es un decir porque es más rumor que algo confirmadoー, que Dylan compuso “Knockin’ on heaven’s door” en el hotel Casablanca, donde yo he hecho un par de veces el amor (ojalá haya sido en la misma habitación; no lo sé). Rudy Wurlitzer dice, sin embargo, que la compuso en el avión de Durango a la Ciudad de México.
Kris Kristofferson murió hace poco. El 28 de septiembre del 2024. Ahora que lo pienso, ahora que lo recuerdo, ahora que lo escribo, se han cumplido ya dos años desde que se fue. Y doce desde que estuvo en Durango, donde no pasa nada nunca.
