Abrir los conciertos de Austin TV significa enfrentarme a un público que no vino a verme a mí; muchos me conocen por primera vez y esperan con impaciencia a la banda que les cambió la vida. Es una prueba de fuego: aguantar vara, decirle a mi ego que esta vez no soy el protagonista.

Diario de la carretera. Mi vida con Austin TV


 08/10/2026

Hoy salimos a Pachuca y se me quiere escurrir el diablo. Quiero barbacoa, pulque, un toke, veinte cervezas, cinco ácidos, equivocarme, abrazar al caos y olvidarme de mí.

Veo la carretera y pienso que, si tuviera la fuerza necesaria, me montaría a la odisea de buscar a Jim Dodge en algún lugar de la unión americana para decirle gracias. Me traje su libro No se desvanece porque es ideal para leer en la carretera. Ojalá lo encuentre vivo y cuerdo. Su novela Stone Junction. Una epopeya alquímica me salvó la vida y me inspiró a hacer el Soy Piedra (2019). Y siempre que me la estoy pasando de la verga acudo a él porque me da esperanza.

09/10/2026

Hace frío. Llueve. Ayer me regalaron toronjil para hacerme té y una carta del tarot: el juicio. Estoy cruzando un duelo y presiento que me espera una profunda alegría.

Dejamos el pop mexicano atrás. Aunque hacemos músicas muy distintas, comparto con Austin TV la cábula, el albur, la risa y la amistad como eje vital en el trance denso del camino.

Estos artistas, que utilizan la máscara como statement artístico y político, tienen alma de niñxs. Me contagian algo de esa inocencia, mezclada con la responsabilidad de ser adultos funcionales y con el peso de ser artistas independientes y autogestivos, capaces de producir sus propios tours por todo el país sin perder un gesto de la infancia: el asombro.

Me tatué las alas de una cigarra. Alguien me dijo una vez que su canto no es canto, sino lamento de muerte. El mío, lo que yo hago, tiene algo de canción y algo de lamento, pero también la resistente alegría que me ayuda a calmar la ansiedad de morir y a sonreír.

10/10/2026

Pasamos toda la noche y madrugada intentando sacar la camioneta atascada en la rampa de un estacionamiento subterráneo. El hotel donde debíamos dormir nos aseguró que cabíamos sin problema. Bueno, mintieron. 

Estamos ahí DJ Perro —driver de esta gira y niño genio del progre y math rock— y yo planeando salir de reversa porque no hay otra forma. La llanta trasera del lado izquierdo no jala, el piso resbala y el freno de mano falla. Si no tenemos cuidado, podemos pegarle al techo de la van y chingarnos las cañerías del hotel. Decidimos pedir ayuda. En este mundo hay que saber pedir perdón y también pedir ayuda.

Bajan de sus habitaciones Chío San, Rata, Totore y Memo, maestro ingeniero que nos ha hecho sonar prístino en cada fecha. Oh, Houston, tenemos un pedote. La rampa para salir es demasiado alta y nuestra van incompetente. Unimos fuerzas: Rata va al volante y los demás empujamos. No hay manera. Son las tres de la mañana, estamos mojados de sudor, con una logística que nos obliga a salir a las 8 am. Es decir, olvidémonos de dormir.

Ya le dimos unos llegues a la van: uno lateral en la parte trasera y otro en el techo. Oímos el chillido de una rata dormilona. Viva el rocanrol. Llegó la mamá de la recepcionista y después de intentar cagarnos, nos echa porras cada que empujamos. Es impresionante la fuerza de una porra emitida por el entusiasmo de una jefita; sin embargo, no es suficiente. Habrá que llamar a una grúa, al seguro. 4 am. La grúa llegará en una hora. Suena la alarma de un Waldo´s y no nos queda otra que bailar con ella, como si fuera un beat que nos da la calle. Ante la adversidad, la risa. No hay otra. La grúa hace su trabajo y logramos dormir un par de horas antes de salir rumbo a Coatepec, donde será nuestro próximo tokín.

Llegué a Tampico con ganas de ver cocodrilos, mapaches y aliens, pero solo encontré una estatua de Mauricio Garcés. No quise tomarme una foto con él porque tenía las manos ocupadas con un café malo y un panqué de nuez. Dios, amo esto.

11/10/2026

Ayer vinieron a vernos a Coatepec mis amigos Gober, Choby, Pauz y Camilo. Bendecido. Ahora estamos camino a Orizaba. Estuve platicando con Acky sobre su historia. Antes de tocar en Austin TV tocaba en Canseco. Sus orígenes se remontan a Tijuana. La complejidad que representa ser fronterizo: los límites nos desdibujan. Lo escucho hablar y no dejo de pensar que la música, inevitablemente, nos salva de la violencia y del hastío.

En el estéreo suena “El mono de alambre”, himno.

12/10/2026

Me encuentro con gente linda en Córdoba y Veracruz. En Córdoba conocí a María Sánchez, quien lleva el centro cultural donde tocamos, y a su pareja, la poeta Dani Carrera. Entre el público vi a gente muy joven, conmovida, que me ayudó haciendo güiro vocal y cantando algunas partes instrumentales de las canciones.

En Veracruz me reencontré con mi amigo Sebastián, con quien comparto el duelo de Omi. Platicamos durante horas, lloramos y refrendamos nuestro compromiso con la imaginación y la libertad.

La situación del agua en el país me hace sentir impotencia e incertidumbre. Hoy más que nunca me es difícil pensar en un futuro. Repruebo lo ocurrido en Guadalajara. El tema de los recursos naturales en México y América Latina nos exige movilizarnos y protestar. Que el miedo no nos detenga, nos toca defender la vida y el territorio. Vamos camino a Ciudad del Carmen. Estoy trastocado por la belleza de este país y su gente. 

15/10/2026

Impulsividades Ramírez: me tatué la nuca.

16/10/2026

Sentí esa ansiedad que experimentaba de niño cuando me iba de vacaciones de verano sin mis padres. Estoy muy lejos de ese niño. Mi padre tiene su propia vida, mi madre su propio mundo y yo estoy a kilómetros de casa.

Siento el vértigo de la distancia. Tengo miedo de perderme. ¿Adónde estoy yendo?

19/10/2026

Hoy tocamos en Guatemala. La primera vez que estuve aquí fue de paso, me fui directo a Antigua con mi amigo Jorge. Tocábamos en camiones, en la calle y en donde nos dejaran. El destino nos llevó hasta Costa Rica, después de pasar por El Salvador y Nicaragua. Un viaje que me llevó a renunciar a mi trabajo como reportero cultural para dedicarme a la música. Ahora estoy en un edificio desde donde puedo ver la ciudad entera. Pienso que todas las ciudades de Latinoamérica son la misma: nos dividieron en países y nos pusieron nuevas fronteras, pero somos el mismo pueblo

No soy un turista, soy un circo.

Veo la carretera y pienso que, si tuviera la fuerza necesaria, me montaría a la odisea de buscar a Jim Dodge para decirle gracias. Ojalá lo encuentre vivo y cuerdo. Su novela Stone Junction me salvó la vida y me inspiró a hacer el Soy Piedra (2019). Y siempre que me la estoy pasando de la verga acudo a él porque me da esperanza.

23/10/2026

Ayer tocamos en Chetumal. Abrir los conciertos de Austin TV significa enfrentarme de nuevo a un público que no vino a verme a mí —salvo algunxs locxs hermosxs que cantan mis canciones y a quienes escucho con el corazón hinchado—. Muchos me conocen por primera vez y esperan con impaciencia a la banda que les cambió la vida. Recibo calidez, salvo algunas excepciones. Es una prueba de fuego: aguantar vara, decirle a mi ego que esta vez no soy el protagonista y que debo cantar con humildad y respeto.

Me tatué las alas de una cigarra. Alguien me dijo una vez que su canto no es canto, sino lamento de muerte. El mío, lo que yo hago, tiene algo de canción y algo de lamento, pero también la resistente alegría que me ayuda a calmar la ansiedad de morir y a sonreír.

Durante estos días he podido conocer más a estos seres humanos que usan máscaras en el escenario como si fueran superhéroes —para algunos lo son—. Puedo ver un tanto de su sombra, las contradicciones, seres con arrugas e imperfecciones en el alma, miedos, puntos ciegos. También veo luces, las complejas y amorosas ganas de seguir aferrados a un vida donde la música y el sonido son faro y refugio.

No, no extraño el chupe. Extraño a Camille. Cambio y fuera.


Belafonte