Hablar del debut de Nasir bin Olu Dara Jones es evocar un mantra que persiste desde hace treinta y dos años: Illmatic es el mejor disco de rap de todos los tiempos. Quizá existan álbumes mejor logrados en términos de sonido o letras; sin embargo, pocos marcaron la evolución del hip hop como lo hizo Illmatic, al establecer un ADN narrativo y un nuevo estándar de producción para el rap posterior a 1994.
En otro sentido, se trata de un álbum profético que tuvo el coraje y la honestidad de mostrar las contradicciones del sistema racial estadounidense, como afirma el pensador y crítico afroamericano Dr. Cornel West. Illmatic condensa los estragos de la epidemia del crack de la era Reagan, una crisis que desde mediados de los ochenta sirvió como Caballo de Troya para justificar políticas de encarcelamiento masivo contra las comunidades pobres, discursos de mano dura contra el crimen y un enfoque punitivo que se prolongó durante el gobierno de George H. W. Bush.
“Era como vivir la vida de un gangster a través de la poesía”, decía Nas. Su escritura era capaz de invocar el espíritu trágico de Shakespeare, la actitud y la imaginería de Tony Montana en Scarface y la reflexión política de Malcolm X. Todo cabía en las barras que escribía en las hojas de su cuaderno. Por eso, Illmatic está colmado de intrincados aforismos, estructuras complejas, una métrica singular y un dechado de recursos estilísticos que aún hoy se estudian en todo tipo de universidades.
Busta Rhymes lo zanjó así: “Lo que él era capaz de hacer con la lírica cambió completamente la manera en que debían de rimar los MCs”. Pero lo que hace aún más épico todo lo dicho hasta aquí, y que a veces pasa por alto, es que Nas comenzó a escribir su disco cuando era un adolescente y solo tenía veinte cuando fue publicado. ¿De dónde había salido este chico que rimaba de haber ido al infierno cuando era niño por haber golpeado a Jesús?
A treinta y dos años de su lanzamiento al mercado, Illmatic permanece como una de las expresiones más poderosas del rap, heredero de una larga tradición musical afroamericana. Sigue sonando como una voz que atraviesa el concreto, le habla al mundo y permanece a través del tiempo.
Del sur a las Queensbridge Houses
La estirpe musical de la familia de Nas se extiende hasta el corazón de la segregación racial en el sur profundo de Estados Unidos. Su padre, Charles Jones III, nació en 1941 en Natchez, Misisipi, una región clave para el Ku Klux Klan. Se trata de uno de los asentamientos más antiguos a orillas del río Misisipi, donde grupos extremistas del Klan como los Caballeros Blancos aterrorizaron a las familias negras durante décadas. La violencia racista en la localidad incluía la destrucción de iglesias, brutales palizas y asesinatos.
Charles Jones III creció rodeado y deslumbrado por dos cosas: por las quemas nocturnas de cruces por parte del Klan y la música. En su familia paterna todos eran músicos, además de profesores, campesinos y prostitutas. “Nunca fuimos miserables. Todo lo que hicimos fue al más alto nivel, lo dignificamos”, decía. Su padrino tenía un grupo, The Melodiers, que había viajado por todo el país y donde también participaba su padre. Charles se enlistó cuatro años en la Marina, donde se hizo trompetista. Fue dado de alta en Nueva York y conoció a Fannie Ann, quien sería la madre de Nas y de su hermano menor, Jungle.
Charles se cambió el nombre a Olu Dara (“Dios es bueno” en yoruba) y comenzó una sólida carrera como trompetista de jazz en la escena de la Gran Manzana. Su estilo, cercano al de Louis Armstrong y Roy Eldridge, era definido como potente, terso e imaginativo. Además, Olu Dara fue cornetista, guitarrista y cantante. Tocó con ensambles, lideró sus propias orquestas y grabó discos de country blues y de tradiciones folclóricas. Con su familia se mudó a las Queensbridge Houses, el complejo de vivienda pública y social más grande del país, ubicado en el barrio de Long Island City, distrito de Queens.
Nas y su hermano crecieron rodeados de instrumentos: xilófonos, trompetas, guitarras, maracas, que ellos aprendieron a tocar como juguetes. Recibieron el cariño de su madre, quien era una mujer estudiada, que se hacía cargo del hogar, cocinaba y trataba de mantenerlos alejados de la violencia. Y hubo algo más que sería definitorio en la formación del pequeño Nasir: la biblioteca casera, con títulos como El libro egipcio de los muertos, El arte de la guerra de Sun Tzu, Fábulas de Esopo, De superman a hombre de J. A. Rogers, Afrocentricity, the theory of social change de Molefi Kete Asante y Autobiografía de Malcolm X.
A partir de estas lecturas, Nas construyó un universo mental en el que la épica clásica y la historia afroamericana se proyectaban sobre los edificios que marcaron su infancia y moldearon su identidad. Influido por la cultura hip hop que emergía desde el vecino Bronx hacia todos los boroughs, pronto se puso a escribir rimas y a grabar pequeños demos con sus amigos de Queensbridge. El complejo de noventa y seis edificios, dispuestos en forma de “Y”, con más de tres mil departamentos y alrededor de siete mil habitantes, se convirtió en el escenario y corazón simbólico de Illmatic: un relato de iniciación crudo y realista sobre crecer en los projects, entre el crimen, las pandillas, las drogas y la marginación.
“Era como vivir la vida de un gangster a través de la poesía”, decía Nas.
La portada, diseñada por Aimee Macauley y fotografiada por Danny Clinch, muestra la foto del rostro de un Nas de siete años sobre el complejo de edificios; el concepto abreva de otro, el de un álbum raro de jazz llamado A Child Is Born del Howard Hanger Trio, publicado veinte años atrás. Por su parte, la lista final de diez canciones se divide en dos bloques, como Queensbridge: el lado A corresponde a las North Houses, en el lado de la calle 40 (donde creció Nas), mientras que el lado B es de las South Houses, en el lado de la calle 41.
Antes de grabar su ópera prima, Nas había llamado la atención en el underground por su participación en “Live at the Barbeque” de 1991, un clásico posse cut del grupo del productor Large Professor, Main Source. Es en esta canción donde el rapero entonces conocido como Nasty Nas suelta aquella barra de “When I was 12, I went to Hell for snuffin’ Jesus”. Professor lo apadrinó y MC Serch, tras escucharlo en aquella canción, le ayudó a conseguir un contrato con Columbia, en ese momento CBS. Durante dos años, Nas se metió al estudio con la actitud más sigilosa posible, pero no entró solo.
Nueva York estado mental y el dream team
Illmatic también se haría legendario debido a su producción. Hasta entonces, ningún rapero había reunido a un dream team como lo hizo Nas: los mismos Large Professor y MC Serch, además de DJ Premier, Pete Rock, Q-Tip y L.E.S. Algunos de ellos ya eran verdaderas leyendas que consolidaron y definieron el sonido de la Costa Este cada uno por separado y con sus respectivos grupos o dúos en la era dorada del género: Premier junto a Guru en Gang Starr, Pete Rock con C.L. Smooth y Q-Tip con A Tribe Called Quest.
Esta innovadora forma de producir, junto con el refinamiento de las técnicas de sampling que aquellos súper productores habían desarrollado, contribuyó a la magia del sonido. Cada canción posee una personalidad propia y, al mismo tiempo, funciona dentro de un conjunto que parece un álbum conceptual formado por un hit tras otro. A cada uno, Nas le pedía que soltara lo mejor de su estilo. Y si estos productores dijeron que sí a trabajar con un rapero tan joven, fue porque los dejaba estupefactos cuando rapeaba sus rimas frente a ellos.
El álbum se cocinó entre blunts, escucha de vinilos y sesiones en las que Nas entraba al estudio acompañado de su crew, siempre presente aunque sus integrantes no participaran en las rimas. “The Genesis” marca la apertura a partir de una atmósfera en la que Jungle, Nas y su amigo AZ dialogan acerca de dinero, bebidas, cigarrillos y autenticidad callejera o lo que para ellos era mantener una actitud real. De fondo suena una base de Wild Style (1983), la primera gran película del hip hop, como un homenaje a la tradición.
Este preludio antecede “N.Y. State of Mind” bajo la producción minimalista de DJ Premier. Se trata de un himno inmediato construido sobre un sample de “Mind Rain” de Joe Chambers. “N.Y. State of Mind” es reconocida como una de las canciones más importantes en la historia del hip hop. Grabada en una sola toma, es la representación del portento lírico de Nas, quien describe la crudeza de las calles a partir de la visión de traficantes, gatilleros, pandilleros, golpeadores y adictos. Es en esta canción donde Nas pronuncia su ya mítica frase: “Nunca duermo porque el sueño es primo de la muerte”, que suena a Shakespeare caminando de noche por los recovecos de Queensbridge.
“Life’s a bitch” da un golpe de timón por su sonido jazzy y su reflexión existencial —celebratoria y melancólica— de dos chicos creciendo en el vecindario. Es producida por L.E.S. y rapeada a dueto con AZ, a quien ya escuchamos en la introducción. Originalmente, Nas le pidió a L.E.S. que sampleara “Juicy Fruit” de Mtume, quien no tenía el disco, por lo que en su lugar llevó al estudio “Yearning for Your Love” de The Gap Band, que funcionó a la perfección; por mera coincidencia, “Juicy Fruit” sería usada por Biggie en su debut unos meses después. La canción es coronada con un epílogo de trompeta de Olu Dara, a quien Nas le pidió un solo que plasmara lo que sentía cuando él y su hermano eran niños.
“The World is Yours” es otro de los grandes himnos de Illmatic. Producida por Pete Rock, la base es un boom bap taciturno con toques de jazz, que parte de un sampleo del piano de “I Love Music” de Ahmad Jamal y una muestra vocal de “It’s Yours” de T La Rock. “The World is Yours” ha sido alabada como una obra maestra que motiva a los que luchan por construir sus sueños a pesar de los límites y de la soledad de una vida criminal. El título está inspirado en la imaginería de Scarface, el clásico de 1983 de Brian De Palma, cuyo estatus de culto fue construído por la cultura hip hop: luego de que a la peli no le fue tan bien en taquilla, la comunidad fue la primera en adoptarla como suya a partir de copias en VHS.
“Halftime”, que cierra el lado A, se publicó dos años antes que el disco, como parte del soundtrack de la película Zebrahead. Es otro boom bap de tinte jazzy producido por Large Professor. En su ensayo Critical Pedagogy Comes At Halftime: Nas As Black Public Intellectual, Marc Lamont Hill sostiene que “Halftime” es una pieza crucial para comprender la trayectoria de Nas como un intelectual público afroamericano. Uno que en sus letras retrata la vida cotidiana, visibiliza la violencia policial y la experiencia marginal. Nas convierte el rap en una herramienta de memoria y crítica social. En “Halftime” desafía la división entre rap “consciente” y “comercial”, demuestra que la cultura popular puede producir conocimiento, cuestionar narrativas dominantes y funcionar como una forma de educación pública.
No es difícil de decir, sobresalgo, luego prevalezco

Si uno abre el álbum físico y revisa sus interiores, no sólo saltan a la vista las múltiples fotografías en blanco y negro de Nas en su barrio con vecinos, niños y mujeres sentados en las bancas de los parques de Queensbridge, sino las dedicatorias; estas recuerdan a varios amigos fallecidos. “Memory Lane (Sittin’ in da Park)” es, como sugiere el título, un recorrido por esos recuerdos: “Sabía que había algo especial en lo que estaba viendo, y que no todo era bueno. Era la vida real. Eran situaciones como la asistencia social, los padres drogadictos de mis amigos o adolescentes perseguidos por la policía”, dijo Nas.
DJ Premier quiso llevar esta base a un grado funky como una forma de superar a los otros productores en lo que ya era una sana competencia. Para ello sampleó “We’re In Love” de Reuben Wilson y mezcló muestras vocales de Craig G y Biz Markie del Juice Crew.
En “One Love”, producida por Q-Tip, escuchamos una carta de Nas a su amigo Cormega en prisión, en la que lo pone al día de lo que pasa en el barrio, mientras lo alienta a mantener el espíritu en alto. “One Love” abrió una vía para el rap epistolar que después tendría ecos en canciones como “Stan”, de Eminem, y en obras de otros artistas, de Tupac y Jay-Z a Kendrick Lamar. El coro de Q-Tip, quien samplea “One Love” de Whodini y “Smilin’ Billy Suite Pt. II” de The Heath Brothers, construye una atmósfera de terciopelo a la canción, que navega entre el jazz y el soul con su mensaje de amor, conexión y unidad.
“One Time 4 Your Mind” es una de las piezas infravaloradas de Illmatic, quizá debido a su tono relajado. Aquí, Professor toma un sample de jazz de “Walter L” de Jimmy Gordon y esculpe una base juguetona, pero con un bajo profundo. Sobre ella, Nas reafirma su flow casi conversado y recorre nimiedades de la vida en Queensbridge: ir a la tienda por cigarros, relajarse viendo una película o escuchar música. Al mismo tiempo, demuestra su capacidad para modular los silencios, administrar las pausas y construir esquemas líricos complejos.
Luego de la calma viene “Represent”, un banger coral con la pandilla de Nas al micrófono. Parece un cypher callejero metido en el estudio. Una vez reclutado por Professor, Preemo trabajó tres temas del disco y el primero de ellos fue “Represent”, pero la primera versión era muy diferente, más cargada al jazz y con una línea de bajo pronunciada, al remix que quedó en el corte final. Premier ajustó la base sobre la marcha después de escuchar “One Love” y “Life’s a Bitch”. Quería elevar su pista para estar a la altura de lo que los otros productores estaban haciendo, así que tomó un sample de órgano de “Thief of Baghdad” de Lee Erwin y le dio la forma final, más oscura, con percusiones de George Clinton.
Busta Rhymes lo zanjó así: “Lo que él era capaz de hacer con la lírica cambió completamente la manera en que debían de rimar los MCs”.
Nas quería hacer una canción acerca de la responsabilidad de representar a Queensbridge y ser el rapero adecuado para hacerlo luego de la llamada “La Guerra de los Puentes”, rivalidad histórica que enfrentó a Queens con el Bronx en torno a dónde había surgido el hip hop. El mítico beef enfrentó a Boogie Down Productions, liderado por KRS-One y procedente del sur del Bronx, con el Juice Crew de Marley Marl y MC Shan, de Queensbridge. Luego de varios diss tracks de un lado y del otro, se extendió la percepción de que KRS-One había salido victorioso gracias al éxito de “The Bridge Is Over”. “Me sentí honrado de hacerlo, por lo que Shan y Marley ya habían logrado. Solo quería tomar la bandera y alzarla en alto. Sentía que ellos ya habían allanado el camino, y ahora necesitaban a un guerrero invencible para mantenerla en alto”, dijo Nas.
La canción final fue en realidad el primer sencillo de Illmatic: “It Ain’t Hard To Tell”, producida por Professor a partir de un sample de “Human Nature” de Michael Jackson. Nas era muy fan de Michael, había crecido escuchando su música. Ambos artistas estaban en el mismo sello, Columbia, y se dice que Michael cedió la muestra de manera gratuita con la condición de que Nas no usara palabras altisonantes sobre ella. Además, el dúo de rap juvenil Quo fue el primer acto de rap firmado por MJJ Music, el sello de Michael, y habían hecho una mención positiva de Nas en una canción, por lo que la conexión se cerró de inmediato.
“It Ain’t Hard to Tell” es un poema en todo el sentido de la palabra. En él, Nas despliega las posibilidades de su escritura: conocimiento de la calle, metáforas, referencias a la cultura pop y versos contundentes. Sus rimas rebasan los cuentos de Esopo para invocar figuras como Buda o Leviatán, mientras sus palabras desbordan los límites de la canción y cierran los treinta y nueve minutos del viaje iniciático por Queensbridge.
El tiempo es illmático
Antes de convertirse en el título de la obra maestra de Nas, Illmatic ya pertenecía al vocabulario de Queensbridge. La palabra circulaba por sus calles, ligada a la memoria de un personaje conocido como Illmatic Ice. A finales de los ochenta, Tragedy —quien después sería conocido como Intelligent Hoodlum— empleó la variante illmatical en una de sus rimas; en 1991, Cormega mencionó a Illmatic Ice en un verso. Nas recogió aquella herencia y la elevó a una categoría propia, definiendo el término como “supreme ill”: lo máximo de lo extraordinario, la expresión definitiva de aquello que alcanza su forma más poderosa.
En efecto, a treinta y dos años de su lanzamiento al mercado, Illmatic permanece como una de las expresiones más poderosas del rap, heredero de una larga tradición musical afroamericana. Sigue sonando como una voz que atraviesa el concreto, le habla al mundo y se mantiene a través del tiempo. Su grandeza radica en haber transformado una experiencia particular en una obra universal que nació de entre los recovecos de una vivienda pública, cuya historia contiene la de toda una generación.
Con el paso del tiempo, Illmatic dejó de nombrar únicamente lo extraordinario y se convirtió en una medida de lo eterno.



















