Los Jaivas hicieron de la música un territorio común. Entre rock, folclor andino y espíritu comunitario, construyeron una obra que atravesó exilio, pérdidas y generaciones sin perder su vocación de unidad.

Los Jaivas


Quién iba a pensar que aquel quinteto viñamarino que debutó el 15 de agosto de 1963, bajo el nombre de High Bass, sería una de las bandas más emblemáticas y relevantes del rock psicodélico, progresivo y folclórico de Latinoamérica. Hablamos de Los Jaivas. ¡Wow! Una banda con una propuesta musical no menor y que ha transmitido a lo largo de su carrera, tanto al pueblo chileno como al mundo, una dosis de cultura andina y literaria, identidad popular y, ¿por qué no?, clases de rock a la vena y sin pelos en la lengua.

Sus fundadores fueron los hermanos Parra: Gabriel (batería) , Eduardo (sintetizadores) y Claudio (piano), junto con Eduardo “Gato” Alquinta (voz y guitarra) y Mario Mutis (bajo). Pero la historia no queda aquí, también es clave nombrar el gran aporte de Juanita Parra, quien tomó el rol en la batería en 1991.

Quieras o no quieras aceptarlo, el viaje épico de Los Jaivas está marcado por el idealismo, el dolor de la dictadura militar (Chile, 1973), la experiencia comunitaria en el exilio, por la pérdida de sus figuras fundamentales y por la exquisita y rica herencia musical que han aportado al patrimonio cultural de la humanidad.

Recorrer la historia de Los Jaivas a través de “Todos Juntos” es constatar que en su obra se cumplió la promesa de ese himno. Como decía la canción, estos músicos creyeron en un mundo “uno y para todos”. A lo largo de décadas han tejido una narrativa de unidad: unión de hermanos, fusión de géneros, colaboración entre países y resistencia colectiva frente a la represión.

El Lado B de “Ayer Caché”

A través de una analogía directa con una de sus obras cumbre, “Todos juntos”, es donde el siguiente artículo comienza a marcar el pulso del verdadero significado de una agrupación que unió a muchos países bajo un solo estandarte.

Editado originalmente en abril de 1972 como un modesto Lado B de un sencillo de vinilo de 45 RPM llamado “Ayer Caché”; y en un Chile profundamente polarizado políticamente, Los Jaivas crearon esta pieza inspirada en una visión universalista de la Tierra como un punto ínfimo en el cosmos donde la lucha carece de sentido. De acuerdo a las mismas palabras de sus propios integrantes, Mario Mutis (bajo) y Claudio Parra (piano): “la canción fue concebida como una improvisación de estudio para rellenar un disco sencillo”.

Sin embargo, superó rápidamente en popularidad al tema principal. El relato pone en valor cómo una composición nacida desde lo colectivo, impulsada por un profundo mensaje de unidad, logró conectar transversalmente con el público, transformándose rápidamente en un fenómeno masivo de ventas y en un hito decisivo dentro de la historia discográfica de la agrupación.

“Todos juntos” no solo fue un gran hit: es la filosofía de Los Jaivas hecha canción. Así como la letra pregunta ¿por qué vivir tan separados?, la banda misma nació de la unión de músicos muy distintos. 

No obstante, en pleno apogeo de su carrera, en 1976 se desarrolló un clima de persecución cultural, lo que obligó a la banda a separarse de su país natal y encontrarse bajo el exilio en Argentina. Allí vivieron experiencias fuertes. Cuando se trasladaban en autobús para ofrecer una presentación en San Nicolás, una patrulla militar interceptó el vehículo y detuvo a Eduardo Parra. El tecladista y poeta fue sometido a torturas físicas y psicológicas en múltiples centros clandestinos de detención de la zona bonaerense. Y permaneció desaparecido durante tres meses, en los que el grupo experimentó una desolación absoluta. Esta alarmante experiencia aceleró la necesidad de buscar un nuevo destino geográfico para proteger la vida de la comunidad, sellando la partida del quinteto hacia el continente europeo.

Este desgarro del exilio quedó registrado de manera magistral en un hito discográfico de gran valor para los coleccionistas de vinilo: la edición argentina del álbum compilatorio Todos juntos, publicado en 1976 bajo el sello Parnaso Records.

A finales de la década de los setenta, Los Jaivas se radicaron en París. Y en 1981, la banda ingresó a grabar a los prestigiosos estudios de Pathé-Marconi, donde agrupaciones como The Rolling Stones habían ocupado para plasmar sus trabajos. Los Jaivas lo hicieron con su obra cumbre y universal: Alturas de Macchu Picchu, musicalizando los versos del célebre poeta Pablo Neruda

Sin duda alguna, el meridiano de “Todos juntos” seguía reforzando sus raíces en cada paso. Y Alturas de Macchu Picchu no fue la excepción de un viaje de unidad, consolidando a la banda como los embajadores culturales del continente latinoamericano ante el público europeo. 

El futuro de uno y para todos

El aporte fundamental de Los Jaivas a la música reside en haber derribado las fronteras de su época, bajo una identidad colectiva. Su propuesta demostró que la vanguardia psicodélica, progresiva y las raíces indígenas andinas, no necesariamente son estilos que deben convivir por separado. ¿Te imaginas a Thurston Moore colaborando con Alfredo Zitarrosa? Sin duda, sería un resultado muy interesante. 

La estructura melódica y rítmica de “Todos juntos” en la historia de la banda,  se encaminó hacia un renacer a través de una larga sección de improvisación percusiva, donde timbales, gongs y bombos hacen que la canción sea cada vez más sólida. La reedición se dió de la mano de Juanita Parra, quien en 1991 tomó el difícil legado de su padre, Gabriel, quien falleció en un trágico accidente automovilístico en Perú en 1988.

El vertiginoso ritmo de huayno de la canción toma una nueva energía que dura más de seis minutos continuos en la mayoría de sus conciertos, moviendo a la gente con una sección instrumental sumamente luminosa y mística, protagonizada por las flautas dulces, las zampoñas y la elevación de los teclados y distorsiones progresivas.

En la estructura orgánica de “Todos juntos” hay un elemento que funciona como el hilo de plata que amarra cada rincón instrumental: la voz inconfundible de “Gato” Alquinta. Cuando la aguja recorre el vinilo y entra su canto, no escuchamos la técnica impostada de un cantante chileno, sino la voz colectiva de una tierra que despierta. 

Quieras o no quieras aceptarlo, el viaje épico de Los Jaivas está marcado por el idealismo, el dolor de la dictadura militar (Chile, 1973), la experiencia comunitaria en el exilio, por la pérdida de sus figuras fundamentales y por la exquisita y rica herencia musical que han aportado al patrimonio cultural de la humanidad.

Como compositor, multiinstrumentista y letrista fundamental, siempre fue el encargado en cada show de invitar a cantar a toda la gente “Todos Juntos”. Esto con una gran energía que se traducía concretamente en un slam diverso y multitudinario, unido por una melodía andina-rockera que él conducía como un ritual laico. Sin duda, una experiencia sensorial de gran nivel. 

El 15 de enero de 2003, “Gato” Alquinta tuvo un fulminante paro cardiorrespiratorio tras realizar un paseo en canoa y sumergirse en el mar. Se llevó consigo Araucaria el nuevo proyecto de álbum conceptual mapuche de Los Jaivas, que seguiría el gran trabajo realizado en Alturas de Macchu Picchu; pero, esta vez, inspirado en canciones inéditas del pueblo Indígena chileno y en el árbol Araucaria (Pewen). 

Recorrer la historia de Los Jaivas a través de “Todos Juntos” es constatar que en su obra se cumplió la promesa de ese himno. Como decía la canción, estos músicos creyeron en un mundo “uno y para todos”. A lo largo de décadas han tejido una narrativa de unidad: unión de hermanos, fusión de géneros, colaboración entre países y resistencia colectiva frente a la represión. Incluso después de tantas despedidas personales, su legado nos dice que la música, verdaderamente, puede mantener a la gente todos juntos en ideales y emociones comunes.


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