Donna vivió adelantada a su tiempo. Como artista y mujer, vivió el tan vigente dilema de sacrificar la maternidad por un “módico” precio para alcanzar el éxito profesional que sabía que era suyo; atravesó las mismas barreras que experimentan las mujeres hoy en día respecto a sus carreras, cuerpos, deseo y maternidad. 

Donna Summer


Boston, años cincuenta. Violencia, segregación racial y brutalidad inmobiliaria en las comunidades menos favorecidas agudizan las tensiones entre afroamericanos y blancos, que a menudo terminan en la muerte. ¿Cuáles son las probabilidades de que una mujer negra nacida aquí, en una familia conservadora y religiosa, se convierta en la reina de un género musical en el que impera la sensualidad, mientras ayuda a producir el sonido del futuro a partir de máquinas? Pocas, quizá, pero no nulas.

LaDonna Adrian Gaines nació el 31 de diciembre de 1948. Fue la tercera de siete hijos engendrados por un carnicero y una maestra, fieles devotos del cristianismo, quienes le inculcaron la fe y la música, dos aspectos de su vida que siempre estarían unidos y que serían la fuente de sus triunfos y de sus tristezas. De acuerdo con su madre, Donna aprendió a cantar antes que a hablar. Incitada por su padre, la pequeña trataba de emular a las cantantes de los álbumes que él llevaba a casa. Sobre todo la de Mahalia Jackson, cantante de gospel que fue su principal inspiración durante infancia y adolescencia.

Donna vivió adelantada a su tiempo. Como artista y mujer. Experimento en carne propia el tan vigente dilema de sacrificar la maternidad (un “módico” precio para alcanzar lo que sabía que era suyo) a cambio del éxito profesional. Atravesó las mismas barreras que experimentan las mujeres hoy en día respecto a sus carreras, cuerpos, deseo y maternidad. 

Ese entrenamiento intuitivo que recibió de sus padres culminó en una prueba profética. Un día, la corista principal de la iglesia local se ausentó y el pastor le preguntó si podría cantar para cubrirla. Así fue como en medio de una atmósfera celestial, entonó las primeras notas y todos los presentes, incluida ella, descubrieron que poseía un don especial. Uno que la llevaría a ser reconocida, algún día. Ella siempre estuvo completamente segura de que así sería, y que sólo era cuestión de tiempo para que llegara el éxito, según contaría después en algunas entrevistas.

El trauma y el viaje

Donna Summer fue una chica popular en la escuela. Por las noches escapaba de casa sin permiso para ir a fiestas y cantar con distintas bandas. Era lo que se esperaba de una chica que poseía demasiado talento en una familia estricta y conservadora que la obligaba a poner su voz al servicio religioso en plena era de la liberación de la mujer a mediados de los sesenta. Sin embargo, Dios no sólo fue testigo de su talento durante los servicios dominicales, sino también del abuso sexual que sufrió a manos de un pastor. Este evento traumático y aterrador que intentó enterrar y callar, fue el tormento que opacó su salud emocional cuando bordeaba la cima de la popularidad.

Al graduarse de la preparatoria, partió a Nueva York con un grupo de amigos y la banda The Crow, de la que formaba parte, lista para navegar hacía ese éxito que su intuición prometía. En 1967, por casualidad, un integrante de la obra musical HAIR  que visitaba a un roomate de Summer, la escuchó cantar mientras ella hacía sus tareas cotidianas. Esa casualidad derivó en una invitación para audicionar en la obra de Broadway, formar parte del reparto e ir de tour.

Donna Summer y Giorgio Moroder – HBO

En 1968 y gracias a aquella gira internacional de HAIR, Donna se estableció en Alemania. El país expandió sus sentidos y sus posibilidades. En Munich se descubrió como artista y como mujer, lejos de las restricciones de su familia y de la sociedad norteamericana puritana y racista. Una mujer negra, alta y delgada con facciones refinadas, era justo lo que la sociedad alemana ansiaba y consideraba atractivo, valioso e interesante. Pronto, Donna se dio cuenta que de ese lado del mundo ser una mujer negra era una fortaleza y no una desventaja, como en su país.

A principios de los setenta se casó con Helmuth Sommer, de quién tomó el apellido y lo modificó para su nombre artístico. Se convirtió en madre a los veinticinco años, lo que representó un verdadero reto mientras construía una carrera musical en el mercado europeo. En sus propias palabras, aún era demasiado “fuego” para enlistarse en la maternidad.

Mujer de la noche, me encanta amarte 

Cuando Donna conoció a Giorgio Moroder y a Pete Bellotte entre 1973 y 1974, ellos buscaban nuevas voces para producir un disco encontraron en ella justo lo que buscaban: una voz vibrante, el carisma y la apertura a nuevos sonidos. Juntos, hicieron una extraordinaria mancuerna, en la que composición y producción fluían en armonía. Mientras la voz de Donna brillaba, los tres colaboraban en la escritura de las letras.

La visión vanguardista de Giorgio buscaba materializar un estilo que superara al de la canción “Je t’aime… moi non plus”, de Serge Gainsbourg y Jane Birkin. Quería mantener la esencia de lo sensual en la interpretación, mientras integraba un sonido nuevo proveniente de máquinas; una combinación provocativa que garantizaría curiosidad e interés. Moroder lanzó esa idea al aire y Donna respondió con el boceto que apenas partía de la frase “Love to love you”. Su mente imaginó un concepto, una melodía y una atmósfera, más que una canción con letra en específico; sin embargo, la frase bastó para que Bellotte y Moroder compusieran el resto. Convencieron a Donna para grabar el demo y que alguien más cantara posteriomente, pues ella no se sentía muy cómoda en ese papel. Para lograr el nivel de sensualidad sonora que Giorgio buscaba obtener, tuvieron que desalojar el estudio y sólo permanecieron ellos tres. Las luces eran tenues y Donna se tumbó al piso para cantar.

En contraste con los rumores de que se había autoerotizado para fingir más de veinte orgasmos en la grabación, en realidad sólo imaginó cómo cantaría esa pieza Marilyn Monroe. Interpretando el papel de la mujer más sensual de la cultura pop, logró encarnar el deseo, el placer y la entonación erótica que Giorgio y Bellote querían imprimir en el sencillo. En ese momento Donna creó un personaje y nació un mito: el de una diosa sexual al micrófono —aunque en el fondo se trataba de una faceta alejada de su verdadera personalidad—. Con poco más de tres minutos de duración, “Love to love you baby” llegó a las manos de Neil Bogart, CEO de Casablanca Records, quien buscaba la forma de hacer famosa a Donna en su continente natal. Bogart distribuyó el sencillo por Estados Unidos sin éxito. Al tener referencias sexuales y sonidos explícitos, las radios norteamericanas se negaron a reproducirla. Era un reflejo de la hipocresía de una sociedad que, tres años antes había rotó taquillas para ver Deep Throat (1972), el filme porno de Gerard Damiano, con Linda Lovelace.

Donna Summer en ABC (1980).
Donna Summer en ABC (1980).

Ante los obstáculos de esa doble moral, Bogart recurrió a tocar el sencillo en todas las fiestas a las que asistía hasta que encontró a su público objetivo: aquellos que a hurtadillas habían abarrotado el cine para ver a Linda Lovelace. Comprendió que la clave era una mayor duración: ese público pedía repetirla varias veces, como en un intento voyerista por extender la fantasía del placer que Summer interpretaba, mientras sus cuerpos cedían al ritmo hechizante que Moroder había conjurado con los sintetizadores. Así fue como surgió la versión de más de dieciséis minutos de “Love to love you baby”, que se convirtió en la primera canción disco de formato extendido.

Los centros nocturnos como Studio 54 la tocaban en loop con los gemidos de Donna. El público llamaba a las estaciones de radio para pedirla una y otra vez. Por fin, el país estaba listo para ella, quien volvió al terruño con una nueva imagen creada por Casablanca Records para aparentar perfección, opulencia y sensualidad. Un erotismo muy acorde a lo que ocurría cuando interpretaba en vivo su hit: las personas gemían más que ella y lanzaban ropa interior al escenario. Fuera de su personaje, esos actos eran aterradores, y contribuyeron a que cada vez deseara menos interpretarla en vivo.

Se siente como el amor 

I Feel Love” de 1977 fue el punto más alto de la colaboración entre Giorgio Moroder y Donna Summer. Un ritmo electrizante con repeticiones sincronizadas que invitaban a sacudir el cuerpo, mientras una voz de sirena envolvía a quien la escuchara para sentir amor. Ese fue el sonido que Brian Eno le aseguró a David Bowie sería “el sencillo que cambiaría lo que sonaría en los clubes por los próximos quince años”. Así ha sido así hasta la actualidad. 

La dupla Moroder-Summer estableció las bases de la música electrónica, al mismo nivel que lo hizo “Trans-Europe Express/Metal on Metal” de Kraftwerk. Fue clave para definir el sonido del new wave de los ochenta: The Human League, que consideraron la canción como influencia principal; Blondie, que desde el punk se atrevió adoptar y enaltecer el disco; New Order y Depeche Mode, quienes mezclaron el sonido al rock con los sintetizadores, hasta Daft Punk.

A partir de ese momento Donna se entregó en cuerpo y alma a crear música, por lo que su faceta de madre quedó a un lado temporalmente. Llevó a su hija a vivir con sus abuelos, mientras cimentaba su carrera entre interminables giras, presentaciones en televisión y largas jornadas en el estudio, donde influía mucho en la producción junto a Moroder, Bellotte y el equipo de Casablanca Records. Sin embargo, sus habilidades de producción y de composición fueron poco reconocidas y se diluyeron entre el espejismo de ser un ícono sexual, reina del disco, y el manejo de imagen que tenía por parte de su disquera. 

En 1976, mientras experimentaba el éxito de los primeros lugares de las listas en América y Europa, trabajaba en su próximo disco A Love Trilogy y estaba de gira, su salud mental colapsó. Parecía que el reconocimiento anhelado y auto prometido era inversamente proporcional a su bienestar emocional. Los agravantes se acumularon: el trauma del abuso, la creciente sexualización de su figura, relaciones sentimentales abusivas y la culpa de no poder ser la madre que la sociedad esperaba. Se auto despreciaba y consideraba que su vida no tenía sentido. Pensaba que incluso a la luz de su moral había hecho cosas decadentes. Ese mismo año en Nueva York intentó saltar desde la ventana de su hotel, pero una mucama impidió el suicidio.

La mujer del futuro

Donna vivió adelantada a su tiempo. Como artista y mujer. Experimento en carne propia el tan vigente dilema de sacrificar la maternidad (un “módico” precio para alcanzar lo que sabía que era suyo) a cambio del éxito profesional. Atravesó las mismas barreras que experimentan las mujeres hoy en día respecto a sus carreras, cuerpos, deseo y maternidad. 

Summer fue una de las primeras cantantes de color que —con su talento tanto en la producción como en la interpretación— logró abrir el camino para el talento femenino en la industria musical global. Fue un precedente para cantantes negras y latinas, que en la actualidad gozan de libertad creativa. Desde Kali Uchis, Jorja Smith y Rihanna, a Karol G, Beyonce y Shakira, entre muchas otras, su legado rebasa la mítica figura de la reina de la música disco y se ancla en el de una poderosa creadora y visionaria del sonido del futuro.

El 17 de mayo de 2012 falleció en Naples, Florida, a consecuencia de cáncer de pulmón, a pesar de nunca haber sido fumadora. Su leyenda es la de una especie de viajera en el tiempo, que junto con Giorgio creó el futuro de la música. 


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