New Order en el Paradise Garage de Nueva York en julio de 1983, el año de lanzamiento de Blue Monday | Fotografia: Kevin Cummins

A más de cuarenta años de su creación, “Blue Monday” suena a futuro, a sudor en la calle convertida en pista de baile y a máquinas que transmiten emociones más allá de los prejuicios.


Si algo tuvieron los años ochenta en México, fue un gran prejuicio ante los gustos musicales. Impensable ver a un “rockero” haciendo pasos de breakdance, o escuchando las baladas románticas de José José. Mucho menos bailar high energy en un evento de Polymarchs. Por esta razón no era extraño que te dijeran “Discoloco” —término despectivo para describir a los fans del high energy— por escuchar a New Order.

Esto a pesar de que el grupo británico formado en 1980 por los ex miembros de Joy Division era programado en la ahora legendaria estación de radio Rock 101: “‘Love vigilantes’ (‘Vigilantes del amor’)… primeras expresiones de otras cosas, alternativamente sonando en la preparación de hoy, 1985 New Order”, así despedía la canción Luis Gerardo Salas con sus famosas viñetas. Sin embargo, los de Manchester eran más conocidos a nivel popular, o mejor dicho a nivel de barrio, por su hit de corte electrónico, la todopoderosa “Blue Monday”, de 1983, una canción que no podía faltar en alguno de los eventos sonideros de los mencionados Polymarchs, o bien de Winners. 

Aquella cultura de los Sonidos tuvo sus orígenes a finales de los años setenta, como respuesta a los altos costos que representaba entrar a una discoteca; ante ello, estos colectivos recreaban la experiencia a un nivel popular, es decir en la calle, donde los sectores menos favorecidos podían disfrutar de la música de baile, principalmente música disco y, ya en los años ochenta, de high energy. El aspecto popular de estas expresiones chocaba rotundamente con la “intelectualidad” y “buen gusto” de los fanáticos del rock. El odio hacia la música de baile era tal, que el dueño de la mítica tienda de discos Hip 70, Armando Blanco, organizó una quema de vinilos de música disco en 1979. Así las cosas entonces.

Sería la primera década del Siglo XXI el momento de consolidación del legado de Joy División y New Order. Primero con el revival de bandas como Interpol y Ladytron, hasta la llegada de la película Control (2007), de Anton Corbijn. El imaginario del diseño del Unknown Pleasures invadiría de manera definitiva el mainstream, al igual que la presencia de “Blue Monday” en los sets de DJs de música indie.

La herencia de estos prejuicios salpicaría a la banda alemana Kraftwerk, tras ser incluída en una de las secuencias de la película Breakin´ (1984), con su tema “Tour de France”. Ese baile fue bautizado en México como “El baile de la escoba”; de hecho, la portada del sencillo traía impresa esa leyenda. Es justo en este contexto de prejuicios y de superioridad moral rockera que habita “Blue Monday” en México. Lejos estaba la validación del legado de Joy Division y de su importancia dentro del post-punk inglés. En esos años, New Order era una rara avis: banda de culto para unos cuantos iniciados, y al mismo tiempo los creadores de un megahit que hacía mover los pies de miles de personas en barrios del Distrito Federal.

“Blue Monday” surge del  contacto en los clubes de Nueva York en las primeras visitas del grupo británico a Estados Unidos, donde encuentran una nueva forma de hacer música electrónica bajo un contexto dominado por dos vertientes: el hip hop y el high energy. Parte fundamental de este entendimiento es el productor Arthur Baker, quien les mostró el ambiente de clubes de la ciudad, así como el trabajo de producción para generar este tipo de música. Si bien los mancunianos habían experimentado con la electrónica a través del mítico productor Martin Hannett (uno de los responsables de definir el sonido de los ochenta), su sonido aún estaba muy alejado de la pista de baile. Este proceso les ayudó a entrar en contacto con el uso de sintetizadores: Bernard Sumner construyó uno él mismo, y percusiones electrónicas. En esta última área, su baterista Stephen Morris se convertiría en todo en un experto, no sólo en pads sino también en cajas de ritmos.

La portada de Peter Saville para el sencillo de “Blue Monday”, en Factory Records, que asemeja a un disquete de 8 pulgadas.
La portada de Peter Saville para el sencillo de “Blue Monday” en Factory Records, que asemeja a un disquete de 8 pulgadas.

Primero como una especie de broma para su público, porque a New Order no le gustaban los encore, la idea era terminar los conciertos apretando sólo un botón y dejar correr una secuencia. Esa experimentación lúdica fue determinante para generar esa dicotomía que distingue la propuesta de New Order. Por una lado, el sonido clásico de un grupo de rock (batería, bajo, guitarra, teclados); por el otro, el de un combo electrónico donde los sintetizadores y las cajas de ritmo son las herramientas principales. En esa sinergia se encuentra el génesis de “Blue Monday”. A una secuencia hecha a través de sintes, cajas de ritmos y pads electrónicos, se complementan un elemento insigne de los ingleses, la línea aguda de bajo de Peter Hook, el cual surge de la influencia del score de Por un puñado de dólares (1964), de Ennio Morricone. Toda esta suma de elementos traídos de lugares en apariencia tan distintos, le dan ese toque de originalidad atemporal.

En el contexto musical ochentero, la música creada con sintetizadores tenía el estigma de ser superficial y plástica. No era “real”, como si sólo bastara apretar un botón para que toda una pieza musical empezara a sonar. Nada más equivocado, ya que muchas de las canciones de corte electrónico de principios de esa década, eran realmente obras artesanales, ante la ausencia de equipo digital. Uno de los ejemplos más contundentes es “Don´t you want me”, de la Human League, cuyas increíbles bases de batería, creadas por la mítica Linn Drum, fueron editadas con tijeras por el productor Martin Rushent. De este prejuicio surge el odio por parte de la comunidad rockera hacia la cultura high energy, el cual incluía, además de una supuesta superioridad intelectual, una alta dosis de clasismo, al tratarse de una música que había sido abrazada en los sectores más populares del Distrito Federal.

En México, New Order era más conocido a nivel popular, o mejor dicho a nivel de barrio, por su hit de corte electrónico, la todopoderosa “Blue Monday”, de 1983, una canción que no podía faltar en alguno de los eventos sonideros de los mencionados Polymarchs, o bien de Winners. 

Mientras tanto, el lanzamiento en versión de doce pulgadas de “Blue Monday” se convirtió en uno de los más vendidos de la historia. El sello independiente Factory Records, fiel a su espíritu vanguardista, encargó la portada a Peter Saville, autor del imaginario Joy Division y New Order. Para esta ocasión propondría un envoltorio que representaba un disquete para computadora, un guiño de modernidad en aquellos años. Tal idea tenía un rasgo distintivo al incluir un perforado. Muy innovador y muy atractivo para los fans, aunque muy costoso para la disquera. Paradójicamente, entre más discos vendía, más dinero perdía.

A partir de su lanzamiento en 1983, “Blue Monday” emprendería un recorrido de versiones que mantendría presente la canción en la cultura pop internacional. Primero en Substance (1987), primer álbum recopilatorio de New Order; posteriormente, en una nueva versión a cargo del legendario Quincy Jones, dueño de Qwest Records, que llevaría el nombre de “Blue Monday 1988”; y ya en los 90 con otro disco de éxitos llamado The Rest (1995). Tampoco se salvaría de las reversiones, quizá la más popular a cargo de la banda norteamericana Orgy, que la llevaría a los terrenos del new metal a finales de los noventa.

Sería la primera década del siglo XXI el momento de consolidación del legado de Joy División y New Order. Primero con el revival de bandas como Interpol y Ladytron, hasta la llegada de la película Control (2007), de Anton Corbijn. El estilo del diseño del Unknown Pleasures invadiría de manera definitiva el mainstream, al igual que la presencia de “Blue Monday” en los sets de DJs de música indie. Lejos quedarían los prejuicios ochenteros hacia el high energy en México. Esto se demostró en el turismo antropológico de artistas como María Daniela y su Sonido Lasser, cuando versionaron el “Duri Duri”(1987) del grupo mexicano Click!

A más de cuarenta años de su creación, “Blue Monday” suena a futuro, a sudor en la calle convertida en pista de baile y a máquinas que transmiten emociones más allá de los  prejuicios.


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