99 records rage against the machine

El riff de “Killing in the Name” es una de las múltiples perlas que encierra el debut de Rage Against The Machine. A Tom Morello se le ocurrió mientras impartía una clase de guitarra y, según cuenta, fue y grabó la idea para después presentarla en el ensayo con sus compañeros.

Killing in the Name


Dieciséis fuck you’s y un motherfucker gritado hasta romperse la garganta. Pero hay que reconocerlo: también un bajeo poderoso, una batería que marca el ritmo como si se tratara de un río de lava ardiente y el riff atronador que a un profesor se le ocurrió en medio de una clase de guitarra.

La canción contenía todos los ingredientes para no triunfar. Y, sin embargo, en enero de 2025 se convirtió en la primera en la historia de Rage Against The Machine en superar el billón de reproducciones. Esto quiere decir que ha sido escuchada mil millones de veces y, si multiplicamos cada una por los dieciséis fuck you’s y un motherfucker, semejante cantidad de mentadas de madre alcanzarían otras galaxias.

¿Cómo le hizo un track de rap metal, con una letra tan corrosiva para los parámetros mediáticos, para volverse tan popular? Curiosamente, la compañía disquera de entonces, que solía apostar por la simpleza y dulzura radiofónica, tuvo mucho que ver. Pero volvamos al principio de todo.

La letra de “Killing in the Name” se inspiró en el hecho violento que marcó un parteaguas en la historia social de Estados Unidos: la paliza que una pandilla policiaca le propinó a Rodney King, un ciudadano afroamericano al que detuvieron por conducir con exceso de velocidad. Le rompieron varios huesos sin sospechar que alguien los estaba grabando con una videocámara y que el registro se difundiría por televisión.

El monje que incendió su Ferrari

Rage Against The Machine —lo que originalmente fue una frase acuñada por el periodista Kent McClard en un fanzine— se formó tras la disolución del grupo Lock Up, en el que Thomas Baptist Morello tocaba la guitarra. A sus filas se sumaron el amigo de la infancia de Morello, el bajista Tim Commerford; el baterista Brad Wilk, que realizó audición para Lock Up pero no fue seleccionado, y Zack de la Rocha, un rapero que poseía un dominio fuera de lo común del escenario y el freestyle.

El grupo, afincado en Los Ángeles, grabó un casete homónimo en el que incluyó una decena de canciones. La sexta fue “Killing in the Name”. Los músicos enviaron la cinta a varias compañías. Epic, un sello fundado en 1953 y que originalmente se dedicaba a firmar artistas de jazz, respondió. Firmó al cuarteto y uno de sus ejecutivos A&R, Michael Goldston, propuso que se lanzara “Killing in the Name” como primer sencillo. Porque el sistema sabe que no existe mejor manera de desarmar una bomba que empaquetarla en un producto que se pueda vender. La provocación deliberada genera kilos de dopamina. Lo sabe la industria musical y también McDonald’s.

Morello, De la Rocha, Commerford y Wilk estuvieron de acuerdo en que se enviara a la radio, siempre y cuando no se mutilara. “Killing in the Name” sonaría con sus dieciséis fuck you’s y su ensordecedor motherfucker. Como cereza en el pastel, al primer álbum del RATM se le asestó como fotografía de cubierta una imagen en llamas del monje vietnamita Thích Quảng Đức. El 11 de junio de 1963, el activista prendió fuego a su cuerpo en Saigón como una forma de protesta ante el acoso que sufrían los budistas. Solo su corazón no se quemó y se conserva como un recuerdo de su inmolación.

Resulta poco probable que los más de tres millones de personas que transformaron el lanzamiento en un triple disco de platino conocieran la historia detrás de la cruda fotografía ganadora del Pulitzer, pero un hecho resultó contundente: la máquina ama que le tengan furia.

Yo solo quiero sonar en la radio para ganar mi primer billón

El riff de “Killing in the Name” es una de las múltiples perlas que encierra el disco. A Morello se le ocurrió mientras impartía una clase de guitarra y, según cuenta, fue y grabó la idea para después presentarla en el ensayo con sus compañeros.

La letra se inspiró en el hecho violento que marcó un parteaguas en la historia social de Estados Unidos: la paliza que una pandilla policiaca le propinó a Rodney King, un ciudadano afroamericano al que detuvieron por conducir con exceso de velocidad. Le rompieron varios huesos sin sospechar que alguien los estaba grabando con una videocámara y que el registro se difundiría por televisión. La indignación que generó el video —y la posterior absolución de los policías por parte de un jurado— desembocó en seis días de disturbios y saqueos en Los Ángeles entre finales de mayo  y principios de abril de 1992, que dejaron tras de sí sesenta y tres muertos, más de dos mil heridos y mil millones de dólares en daños. Por eso, Zack vomita un incendiario “Some of those that work forces are the same that burn crosses”, sugiriendo que a la fuerza pública la mueve el mismo odio racial que al Ku Klux Klan. No veo fallas en su lógica.

Pero el álbum debut de Rage Against The Machine cuenta con otras incuestionables muestras de genialidad. Cuando Tom Morello les presentó a sus excompañeros de Lock Up el riff de “Bombtrack”, era demasiado pesado para el grupo. Así que lo revivió en Rage. “Take the Power Back” muestra un apabullante slap de bajo cortesía de Tim, mientras que “Freedom” y “Bullet in the Head” son solo una muestra del golpe preciso que distingue el estilo de Brad. Huelga decir que a todo se suma un cantante-rapero con unos pulmones capaces de —como dice él en “Know Your Enemy”— romper el micrófono, el escenario y el sistema.

Aunque ya quedamos claros en que el sistema lo destrocen hasta las entrañas, siempre y cuando eso reditúe en un billón de reproducciones en una plataforma digital.

Dulces dieciséis

El 15 de marzo de 2026, el licenciado en Ciencia Política por la Universidad de Harvard, Tom Morello, subió a un escenario con nombre de comida chatarra del Festival Iberoamericano de Cultura Musical Vive Latino en la Ciudad de México, para tocar canciones que llaman a la revolución. Fueron sólo fragmentos, específicamente los riffs que las identifican: “Testify”, “Guerrilla Radio”, “People of the Sun”. La mayoría pertenecían a esa agrupación de la que Zack anunció su salida en 1999, pero también hubo algunas de Audioslave, el proyecto que Morello, Commerford y Wilk gestaron, tras la disolución de Rage Against The Machine, junto a Chris Cornell.

Todas las versiones se escucharon en versión instrumental. Pero solo una la tocó completa. La única que nos desgañitamos washando verso tras verso. En la que se armó un slam que nos remitió al que sacudió al Pabellón del Palacio de los Deportes el 28 de octubre de 1999, después de que los asistentes, entre ellos un contingente del célebre Consejo General de Huelga de la UNAM, protagonizaran un legendario portazo. Aunque sí, en el moshpit del presente ya nos rechinaban las rótulas. Está de más mencionar qué canción. Solo confirmaré que dieciséis veces gritamos fuck you’s y una vez motherfucker.


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