Teixeiro es un enigma del rock mexicano, una joya oculta, enterrada en lo más hondo de la contracultura. Sin atisbos rimbombantes, frases panfletarias ni el lenguaje rebuscado que distingue a ciertos ‘cansautores’, se mueve dentro de metáforas minimalistas, paisajes citadinos y canciones con nombre y apellido.

León Chávez Teixeiro: ‘Un día chido’


Una mañana de 1994, recién llegada al D.F. (sí, antes se decía así), estaba lavando los trastes y escuchando Radio Educación. Estoy casi segura de que era algún archivo del programa de Rodrigo de Oyarzábal, “En el rol de todos los días”, donde el locutor y programador daba cabida a músicos y bandas sin mucha presencia en la radio comercial. Así conocí a Flor de Metal, por ejemplo, un trío de chicas que logró grabar Ciudad azul, vinilo del sello Discos Pueblo y uno de los primeros registros de un grupo mexicano de mujeres instrumentistas.

De repente sonó una canción que me dejó paralizada. Supe después que se llamaba “La mujer (se va la vida, compañera)” de León Chávez Teixeiro. Sin duda, el tema me hubiera impactado anyway, pero el hecho de estar haciendo una actividad “propia de mi sexo biológico”, como diría una amiga, le dio un valor añadido y fue un momento muy conmovedor. Era una rola de protesta, pero también una rola muy feminista y atemporal. El coro, que dice “Se va la vida se va al agujero, como la mugre en el lavadero”, erizó mi piel con todo y detergente.

Amo esos momentos en los que escuchamos una canción que nos cambia la vida. No sé ustedes, pero son instantes que atesoro. No hay demasiados. 

León, un fenómeno. Tan cerca y tan lejos de la canción latinoamericana o del canto nuevo. Contemporáneo de Óscar Chávez y Chava Flores, pero tan excepcionalmente diferente y tan sí mismo, que los géneros y las etiquetas son incapaces de definirlo.

De la primera vez que escuché “Summertime” de Janis Joplin, “Smells like teen spirit” de Nirvana, “Bonzo” de Jaime López o “The past is a grotesque animal” de of Montreal recuerdo exactamente dónde y con quién estaba. Y cómo fue que algo tan intangible como una canción tuvo el poder suficiente para transformar mi existencia.

León Chávez Teixeiro es un enigma del rock mexicano. Una joya que sigue oculta y ha permanecido durante décadas enterrado en lo más hondo de la contracultura. 

Sin atisbos rimbombantes, frases panfletarias ni el lenguaje rebuscado que distingue a los cansautores, León se mueve dentro de la simpleza y es ese bajo perfil lo que hace que su carrera y discografía se vuelvan piezas de culto. 

Pintor y músico, pero sobre todo militante de causas justas, cantor del movimiento obrero y artista de carpas improvisadas en manifestaciones y brigadas. Comprometido con las huelgas sindicalistas, el EZLN y la organización social entre tantas cosas.

En 1968 participó como camarógrafo en El grito, documental de Leobardo López Arretche sobre el movimiento estudiantil, pero ya desde 1966 había fundado, junto con otros compañeros, La Comuna de Sor Juana, que no era una comuna hippie, sino un colectivo comunitario y okupa en la colonia Santa María la Ribera. Allí familias, estudiantes y niños llegaron a habitar hasta cinco casas en la esquina de las calles Sor Juana Inés de la Cruz y Santa María.

Fue en este histórico lugar donde se gesta el grupo La Piel, con quien León grabó un sencillo de 7” para CBS con los temas “El gato”/“El abedúl”. Él mismo ha contado que se disolvieron cuando, al recibir una invitación para presentarse en Siempre en Domingo, Teixeiro la rechazó de inmediato, lo que provocó un desacuerdo irreparable con el resto de los integrantes.

Este hecho, congruente con las convicciones políticas del autor, hace que sus canciones destaquen con la plusvalía de la renuncia al reflector y al foco mediático como legítima forma de expresión. Escucharlo es comparable a tomar un taxi libre donde los dones saben exactamente en qué calle doblar, por donde hay menos tráfico y de qué manera llevarte con más precisión hacia tu destino. Todo lo contrario a las apps y la música de hoy día, donde los conductores/intérpretes son personajes anónimos y grises que siguen una fórmula marcada por el uso del teléfono y el autotune.

Metáforas minimalistas, paisajes citadinos, canciones con nombre y apellido, como dirían los colombianos. Las desgarradoras “Ponciano Flores”, “Carmen Carrera”, “Andrea Fernández” o “Cipriano Hernández Martínez” lo confirman. Teixeiro relata, recita y susurra manifiestos cotidianos. Es más rock que ninguno. Es crónica con la estirpe de clase trabajadora, ala Rodríguez. Es folk pre-rupestre, ala Rockdrigo, son letras minipelículas, ala Leonard Cohen. Un poeta de la canción como Dylan, Patti Smith o Chico Buarque. Basta con oír “15 mts. 3″, 8/8, 16” para comprobarlo, un tema que probablemente haría llorar al mismísimo Tony Iommi.

León, un fenómeno. Tan cerca y tan lejos de la canción latinoamericana o del canto nuevo. Contemporáneo de Óscar Chávez y Chava Flores, pero tan excepcionalmente diferente y tan sí mismo, que los géneros y las etiquetas son incapaces de definirlo. Para mí es como si Tom Waits o Lou Reed hubieran tenido un primo chilango y comunista que les enseñó a cantar y a tocar la guitarra.

Su huella e influencia en las nuevas generaciones detonó inspiración para construir espacios como el Multiforo Alicia, me confesó Ignacio Pineda al preguntarle sobre Teixeiro. También contribuyó a crear el colectivo Kloacas Komunicantes en los dosmiles, donde músicos como el Mastuerzo, Mauri Ele Huex “El Hueso”, Leticia Servín y Fernanda Parranda Martínez, entre otros, realizaban todo tipo de actividades político-culturales con la calle como escenario y al de la colonia Guerrero como su mentor.

Probablemente la mejor alianza juvenil que formó haya sido con Josué Vergara. Josué es conspirador, productor y baterista de Lxs Prúfugxs del Manikomio, la banda que acompaña musicalmente a León y con la que recientemente presentó el disco recopilatorio con lo mejor de su repertorio y trayectoria, Un día chido, en un concierto abarrotado en el Teatro de la Ciudad. Josué también es responsable del diseño sonoro y la producción del documental Se va la vida compañera, dirigido por Mariana X. Rivera García, donde la figura central es este activista y combatiente de la canción.

Cuando se escucha bien uno goza el doble. Una fanfarria a Rolando Castillo, el ingeniero de sala del concierto y al ensamble de músicos que se juntaron para esta memorable fecha. En el bajo: Juan Cubas y Bruno Chávez; en las guitarras acústicas: Julia Zenteno y Jorge García Montemayor; en las percusiones: Kátsica Mayoral; en las congas: Popis; en el violín: Nirl Cano; al sax: Alberto Delgado; en los coros: Juan Pablo Villa, Zeiba Kuicani, María Emilia Martínez, Elia Crote, Valentina Barrios y Alejandro Chávez; al teclado: el maestro Guillermo Briseño, y en la guitarra eléctrica el incendiario Leo Briseño.

Sin atisbos rimbombantes, frases panfletarias ni el lenguaje rebuscado que distingue a los cansautores, León se mueve dentro de la simpleza y es ese bajo perfil lo que hace que su carrera y discografía se vuelvan piezas de culto. 

Toda esta ecuación fue aderezada con el Cineamano de Pío, el coro La Coraza de 50 mujeres en “Viernes”, el tema final del concierto y el baile de la compañía mexicana Barro Rojo Arte Escénico y Danza Atemporal. Más de cien personas cooperando, poniendo el cuerpo, el talento y la voluntad para dar vida a las canciones de un autor injustamente poco conocido.

Su trabajo es un modelo de autogestión, colectividad y anarquía. No se puede decir eso de mucha gente.

A todo esto, León Chávez Teixeiro tiene noventa años. Los que le rendimos pleitesía a este autonombrado rolero le pedimos nos comparta un poco de su sabiduría, energía y carisma para poder afrontar la mugre que se va al lavadero.

*Si usted desea profundizar sobre las letras y la grabación de Un día chido, por favor ingrese al portal de internet urdimbreaudiovisual.mx para más información. También puede leer la biografía El cantor con el sol en el sombrero, del filósofo Jorge Gasca Salas, tal vez el documento más completo de la vida y obra creativa de nuestro héroe.


Avatar de Ali Gua Gua