Una gira DIY no empieza cuando subes al escenario, sino meses antes: trazar rutas para ahorrar gas, negociar fees, conseguir venues, diseñar carteles, merch, preparar visuales, ensayar, gestionar entrevistas, reservar vuelos, buscar quién cuide al gato y las plantas, empacar todo y resolver cientos de detalles… todo esto para hacer lo que más amo: tocar.

Bla Bla Car Tour


No existe la gira perfecta. Cualquier músico, road manager o similar que te diga lo contrario miente. Los tours son como la vida: un cúmulo de aventuras y obstáculos que toca resolver con paciencia y astucia. La mala actitud, además de amargarte, no te llevará muy lejos. Así que conviene encarar con la mejor onda aunque esto no sea garantía de nada.

Estoy en Fotografiska, el museo de fotografía y arte contemporáneo en el centro de Berlín. Acabo de ver una exposición de Anton Corbijn, famoso por sus retratos en blanco y negro de tótems musicales. Mis fotos favs son las de Iggy Pop, Nina Hagen, Ari Up, Nirvana, Einstürzende Neubauten y sus autorretratos a todo color impersonando a sus héroes: John Lennon y Kurt Cobain.

De repente tengo un flash en mi memoria: yo ya he estado aquí. Este lugar solía ser Tacheles, un enorme edificio ocupado por artistas que floreció después de la caída del Muro. Estoy parada en el que era el Café Zapata, restaurante-foro donde tocaban bandas como Test Department, los primeros Rammstein o Genesis P-Orridge. Recuerdo que vi a Chico Trujillo tocar en 2009, cuando por primera vez las Kumbia Queers hicimos una eurogira. Me doy cuenta de que pasaron diecisiete años desde aquel verano y me puedo considerar una veterana.

Acepté de inmediato sin darme cuenta de que el festival era en junio y que ese mes sería el Mundial en México. Los boletos costaban un riñón, pero ya me había comprometido, así que tenía que hacer más fechas para cubrir los costos. Así nació el Bla Bla Car Tour.

Tengo un inmenso amor por los tours porque es la manera en que conozco el mundo. Sin la música o el cine hubiera sido muy difícil viajar a otros lugares y conocer personas afines. Por eso, para mí girar es la recompensa por un montón de trabajo, esfuerzo, donde te muestras de la manera más íntima por diferentes escenarios y espacios con un intenso rigor laboral que no distingue ni sabe de distancias, condiciones climatológicas o enfermedades. Girar es sobre-vivir. Es turismo exprés y, sobre todo, es un privilegio como mujer cumplir los sueños de esa niña que tenía hambre de tocar, cantar y expresarse a través de sus canciones.

Justo ahora termino mi Bla Bla Car Tour, segunda gira como solista por Europa. Arrancó el 20 junio y se extendió hasta el 31 de agosto. Pasó por cinco países y dieciocho ciudades. Significa mucho para mí porque lo hicimos DIY (hazlo tú mismo) sin ninguna agencia de por medio. Todo autogestionado, autoproducido y ¿qué creen? No fue perfecto, pero salió bien. Puedo decir que me fue mejor que a Ed Sheeran.

Sopesar y aquilatar lo vivido lleva años. Por eso agradezco que 99 Records haya tenido el interés de que relate las aventuras del #blablacartour ahora que todo está fresco. Por fin podré tener una remembranza escrita y por eso esta columna constará de dos partes, ya que hay demasiado que decir sobre este viaje musical.

Les cuento: hace tres años hice mi primera gira solista, el Menospausa Tour, con trece fechas en dos países. Sandra a.k.a La Flaka me vio pinchar y cantar unas canciones la noche en que el Foro Alicia cerró sus puertas en la colonia Roma. Como era el último día del Alicia en esta locación, lo di todo; además, el grupo headliner no llegó y había que extender el tiempo. Sandra estaba en el público y me invitó a Berlín a tocar el día de muertos. Estábamos en mayo.

Acepté feliz, pues acababa de sacar el disco Menospausa y era la oportunidad de presentarlo e incluir temas también de mi primer disco, Forever Alone. El problema era que nunca había querido ser solista. A mí me gustan las bandas y sobre todo las bandas de mujeres y disidencias. Cuando se habla de rock femenino generalmente se mencionan a cantantes solistas, que tienen músicos súbditos a su disposición. Se trata de una banda prefabricada para la intérprete, no es una banda “real”. Tampoco cobran lo mismo.

Pensé entonces que debería abordar el escenario como una MC. Más a la jamaiquina, como soundsystem o como sonidero al usar el micrófono. Porque una banda, además de no convencerme, resultaba impagable. Aun así, nunca fue la idea usar mi nombre. Pero las circunstancias me llevaron a atreverme a darle un chance y tratar de hacerlo lo mejor posible.

En esa primera gira renté un coche y me fui haciendo bla bla cars para pagar la gasolina. Le prometí a mi Ali del futuro que si algún día hacía otra gira, se llamaría Bla Bla Car Tour. En ese mes aprendí mucho; sobre todo cómo construir un show de una hora siendo una sola persona con un güiro en el stage. One woman cumbia band, como diría la Reina David. La tuve fácil porque me invitaron el boleto, que es lo más costoso de recuperar, y aparté el coche (de diésel, que rinde más) con mucha antelación. Mi amigo Lucho de Acá Las Cumbias me patrocinó unas camisetas que vendí y me regresé con unos euros.

En esta ocasión la gira surgió porque me invitaron a tocar un DJ set en el Festival Fusion en Alemania. Nunca he estado en Glastonbury (bucket list), pero para mí es el mejor festival del mundo mundial. No había tenido la oportunidad de presentarme ahí con las Kumbia Queers ni como DJ, pero esta vez era en un escenario mucho más grande y ecléctico, lo cual me hizo sentir sumamente honrada.

Bla Bla Car Tour | Foto: Ali Gua Gua

El Fusion Fest es una utopía. El colectivo que lo organiza se llama Kulturkosmos y su filosofía política en la resistencia musical a través de la curaduría en más de veinte escenarios es apabullante. Techno, hip hop, dub, rock, música latina, teatro, cine y cabaret conviven durante cuatro días en un extinto aeropuerto nazi. Llevan treinta años haciéndolo, siempre es sold out y nadie sabe quién va a tocar. Hay un nivel bárbaro de calidad. El Fusion es el emblema más fino del underground. La única cosa es que no paga boletos de traslado a los artistas, quienes debemos llegar hasta ahí por nuestra cuenta.

Tomó alrededor de seis meses preparar el terreno, aunque eso no significó que estuviera todo listo. Era demasiada preproducción para una sola persona. Trabajaba en la Caña (nuestro venue en CDMX) de noche y llegaba de madrugada a hacer oficina para aprovechar la diferencia de horario y avanzar. Una gira no empieza cuando subes al escenario, sino mucho antes. Estas fueron algunas de las cosas que hubo que poner en marcha con antelación:

TRAZAR la ruta entre ciudades estratégicamente con un mapa para ahorrar gas.

HABLAR con los venues y les amigues en cada lugar.

IDEAR el diseño del cartel de la gira con un diseñador (Javis Contreras Effect), que también usaría en la merch. Diseño de Pablo Aristo también en camisetas

FABRICAR merch para vender (camisetas con el Fucks, camisetas con Lucho, CDs en tepito, vinilos 7” con Joselo del Viejo Vago Brujo y calcomanías con el Charro).

RENTAR coche europeo (lo rentó mi amiga Ula).

RENOVAR la licencia y sacar la licencia internacional de manejo.

CONSEGUIR lugares para quedarse antes, durante y después de los shows (Stella en Berlín me ofreció su casa).

SUPERVISAR las visuales para los DJ sets (Carlos en Colombia) y los videos para el live show (con Nancy León) y montarlas en orden y en el formato correcto.

ENSAYAR y repasar el repertorio apegándose a un set list tentativo.

BAJAR canciones y analizarlas para las diferentes fiestas como DJ.

RESERVAR el boleto de avión con mucha antelación para abaratar costos (lo que no funcionó, maldito Mundial).

PREPARAR carteles y flyers para cada venue (veintidós) con Kalbox y Satana.

PAGAR una sesión de fotos para publicidad y prensa (Andrea).

HACER una carpeta virtual con todo lo necesario para promotores y venues: press kit, tech rider, stage plot, fotos y hojas de contacto, etc. 

NEGOCIAR los fees, honorarios y porcentajes con cada promotor y lugar (veintidós).

MANDAR cientos de correos con detalles de logística desde dónde aparcar el coche hasta que marca de mixer había.

GESTIONAR la promo, las entrevistas, los programas de radio, las visitas a estudios de grabación con músicos o productores que te invitan a colaborar.

ESCOGER alguna que otra garra decente para vestuario (Vlocke Negro).

APALABRAR un ingeniere de audio confiable (Antto).

REALIZAR contenido para redes sociales y darle salida y seguimiento a todas las fechas.

HACER roadbook virtual e imprimir roadbook físico para la carretera (me ayudó Uma).

COORDINAR clases de canto con mi maestra Alba Rosas.

NADAR en una alberca para trabajar la respiración.

CONTRATAR sala de ensayo cercana a casa (Salas Roma).

PROGRAMAR La Caña, bookear con dos meses de antelación la música (cuarenta y cuatro actos).

CUMPLIR con varias fechas como DJ en la ciudad.

COMPRAR un nuevo teléfono que aceptara un eSIM.

BUSCAR regalitos para los amigues.

EMPACAR: merch, ropa, medicinas, compu, controladores y güiro en dos maletas (también me ayudó Uma con su aspiradora mágica).

ENCONTRAR quién se quedaría con el gato y las plantas (mi amigo y productor, Asagi).

CAMBIAR plata para llevarme un cambio.

ESCRIBIR aquí en 99 Records para ustedes.

Esta columna continuará…


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